TÍTULO: El túnel de Oblatos: una leyenda de Jalisco | 091026 AUTOR: Archivista CDM FECHA: 2026-10-09 URL: https://calledelmiedo.com/el-tunel-de-oblatos/ ================================================================================ Ficha del Archivo Nombre del caso: El túnel de Oblatos (túneles de la exhacienda hacia la Barranca; el paso del cañón). No es el Charro Negro. Clasificación: L031026-14. Lugar: Oblatos, oriente de Guadalajara, Jalisco. Exhacienda de Oblatos y Barranca de Oblatos-Huentitán. Zona específica: Casco de la exhacienda, molino de Balcones de Oblatos, túnel rumbo a la barranca —donde ahora está la academia de policía—, Arroyo de San Andrés, vía del tren que se pega al cañón. Fecha o periodo: Hacienda desde el siglo XVIII. Túneles que los vecinos cuentan como escape de la Revolución. Víctor Sánchez Ramírez, cronista de El Escarabajo Radio, lo escribió el 2 de junio de 2022. La catástrofe del cable de la barranca fue el 14 de junio de 1930. Tipo de fenómeno: Leyenda. Fuentes principales: Víctor Sánchez Ramírez, El Escarabajo Radio, 2 junio 2022: Don Sebastián Hernández, Don Benjamín Ramírez, Demetrio Ruiz. Corrido de la catástrofe de Oblatos, 14 junio 1930. Homero Adame, tren fantasma Guadalajara–Manzanillo (otra vía, mismas barrancas de Jalisco). Cuatro de a caballo De noche, detrás del casco de la exhacienda de Oblatos, el que se mete no va a misa. Va al túnel. El oriente de Guadalajara ya es colonia, pero el casco, el molino caído de Balcones y la barranca siguen siendo el mismo desnivel: la ciudad se acaba y el cañón empieza. Don Sebastián Hernández, vecino que se lo contó a Sánchez Ramírez, dijo que por esos túneles cabían cuatro de a caballo, y que adentro había hasta cantinas. Don Benjamín Ramírez, otro de los viejos del barrio, dijo algo parecido, y el escritor anotó que eso, de todas formas, eran leyendas. El que entra esa noche lo hace por detrás de la hacienda, hacia la Barranca de Oblatos. El rumor dice que por ahí se escapaban los hacendados cuando venían los revolucionarios, tesoro incluido, hasta los caserones del filo. Adentro, los que se metieron de jóvenes cuentan rifles, balas, herramientas y esqueletos. El aire se acaba. Cada trecho, si el túnel es el de Demetrio Ruiz, el del panteón, hay respiradero y hormiga arriera. El de la hacienda va al cañón. El tren, más abajo o más lejos, se pega a la misma pared de roca. En esta boca no aparece un maquinista con partida ni un charro en el umbral: queda el paso bajo tierra y el vacío de la barranca cuando el túnel desemboca. Quien sale al filo oye el río hondo y, si es de los que recuerdan 1930, la vagoneta del cable que se fue con catorce. Quien no sale, en el cuento de los muchachos, se queda con los triques y con el hueso. Oblatos no necesita al jinete negro. Le basta el tubo hacia el cañón. Fuente del relato Víctor Sánchez Ramírez lo publicó el 2 de junio de 2022 en El Escarabajo Radio: túneles del casco al molino, a San Juan Bosco y a la Barranca de Oblatos. Nombró a Don Sebastián Hernández, a Don Benjamín Ramírez y a Demetrio Ruiz, del panteón. El corrido de la catástrofe del 14 de junio de 1930 es otra noche del mismo cañón. Aquí se cuenta la ida al túnel con más calma, sin un charro ni un maquinista con apellido que esas páginas no dieron. «Me contó Don Sebastián Hernández, que en los túneles cabían perfectamente cuatro de a caballo y que dentro de los túneles también había cantinas, algo similar me platicó don Benjamín Ramírez, pero estas cosas solo son leyendas.» Víctor Sánchez Ramírez, en El Escarabajo Radio — Ex hacienda de Oblatos, que hay túneles, 2 junio 2022. El jinete sin cabeza mira de frente —el cuerpo, no el rostro— en la boca hacia la barranca. La leyenda El túnel de Oblatos es un conducto de hacienda que la boca popular alarga hasta la Barranca: ancho de cuatro caballos, oscuro, con fama de tesoro, de arma y de hueso. El ente no es un jinete. Es lo que el cañón y el tubo guardan: el que se escapó, el que no salió, el frío del filo, el rumor de un tren o de un cable que se despeñó. El Charro Negro, en Jalisco, es otra historia. Aquí no se planta a caballo en la milpa. Lo que hace es tragar. Mete al que va de noche por detrás del casco, lo deja sin linterna buena, le enseña el esqueleto o la moneda marcada en el adobe, y si el túnel es el de la barranca lo entrega al vacío. Los Topos de Balcones, dice Sánchez Ramírez, se metían al del molino a esconderse. El padre Juan Ignacio Sandoval Márquez, el sacerdote de la capilla, entra en la leyenda por una puerta para sacar dinero para pobres. El túnel da y quita. No explica. Se le teme porque Oblatos es barrio y es sima a la vez, y porque el que baja no siempre elige el mismo tubo: hacienda, molino, panteón, vía. Se lo cuentan al muchacho del oriente y al que mira el cañón desde el filo. El miedo es que el túnel sí llegue, y que al otro lado no haya piso. Origen, adquisición o manifestación No hay receta para volverse el dueño del túnel. Se manifiesta porque la hacienda necesitó escape, porque la Revolución se cuenta con tesoro bajo tierra, porque el molino y el arroyo de San Andrés ya estaban cuando la ciudad los tapó. La catástrofe de 1930 —vagoneta del cable, catorce muertos, corrido— le pega al cañón otra capa de cuerpo. El tren fantasma de Homero Adame, folklorista que recogió la línea Guadalajara–Manzanillo, es otra vía: barrancas de Jalisco, no este tubo. Se nombra para no fundirlo. Prácticas de protección, control o defensa Sánchez Ramírez lo oye en los viejos: son leyendas. Eso no impide que el que entra lleve linterna y no vaya solo. El aire falta. Demetrio se detuvo a los cincuenta metros. Los Topos usan el tubo para no ser vistos por la policía, que es otro trabajo. No hay Ave María en esta versión. Hay no metiéndose si el respiradero ya no alcanza, y no confundir el umbral con un charro. Origen y contexto de la leyenda del túnel de Oblatos Oblatos, oriente de Guadalajara, hacia la barranca. La exhacienda de Oblatos, de monjes oblato y después de casco urbano, quedó en el oriente de Guadalajara con molino en ruinas y vecinos que recuerdan túneles. Sánchez Ramírez ha escrito la hacienda y sus aledaños. La Barranca de Oblatos-Huentitán es el corte del Santiago: tren, cable, academia de policía en el filo. El 14 de junio de 1930 la vagoneta se fue; el corrido cuenta los cuerpos entre las peñas y los despojos a las once de la noche, rumbo a Guadalajara. Jalisco tiene al Charro Negro en camino y milpa. Este número no lo abre. Tampoco el laberinto de galerías filtrantes del Centro, que El Informador ha desmentido como túnel de cardenales. Oblatos es oriente, casco, molino y cañón. El que junta al jinete con este tubo está mezclando dos historias. Interpretaciones y explicaciones a) Explicaciones racionales Galerías de agua, caños del Arroyo de San Andrés y sótanos de hacienda se cuentan como túnel de tesoro cuando el barrio crece encima. Un muchacho que entra con mala luz ve hueso de animal o de panteón y sale con esqueleto de revolucionario. La catástrofe de 1930 y la vía del tren le dan al cañón muertos de verdad; el tubo de la hacienda les pega el eco. Limitaciones. Eso cubre el caño y el corrido. No le quita a Don Sebastián los cuatro caballos ni a Demetrio los cincuenta metros. Quien hereda el relato no debate el cable de 1930: debate si el túnel llega al filo. b) Interpretaciones culturales El escape del hacendado bajo tierra es la Revolución contada desde el casco, no desde el campamento. El cañón es el otro mundo a una cuadra del barrio: Oblatos vive al borde de un descenso que ya era leyenda antes del fraccionamiento. Nombrar cantina dentro del túnel vuelve el infierno un gremio: se bebe abajo como se bebía arriba. Analogías Los túneles de mina y de hacienda se cuentan en medio México con tesoro y hueso. El parentesco es el tubo. La diferencia de fondo es la Barranca de Oblatos: el túnel no acaba en otra sala, acaba en el aire. La criatura del túnel es masa de vía en el norte, no cañón tapatío. El Charro Negro es jinete. Aquí nos quedamos con el casco, el molino y el filo. Testimonios y registros Se transmite en el barrio, en Sánchez Ramírez y en el corrido de 1930. Los patrones que se repiten, cuando el cuento todavía es de túnel y no de charro, son estos: Un túnel sale del casco hacia el molino, hacia San Juan Bosco o hacia la Barranca de Oblatos. Cabe a caballo; adentro hay arma, tesoro, cantina o esqueleto. De noche se meten por detrás de la hacienda; el aire y la linterna deciden hasta dónde. El cañón tiene su propia noche de muertos: el cable de 1930, los despojos a las once. Conclusión CDM Qué se sabe: En Oblatos se cuentan túneles de la exhacienda a la barranca. Sánchez Ramírez nombró a Hernández, Ramírez y Ruiz. El cañón tuvo la catástrofe del cable el 14 de junio de 1930. No es el Charro Negro. Qué no puede comprobarse: que quepan cuatro caballos; que el tesoro esté; que un fantasma de tren habite este tubo y no otra vía. Lo que queda es el casco y el filo. Quien se mete por detrás de la hacienda ya sabe qué promete: el túnel de Oblatos no da sala. Da cañón. Registro adicional L031026-14 · Jalisco · Guadalajara · Oblatos · Barranca de Huentitán · Víctor Sánchez Ramírez · Sebastián Hernández · Charro Negro · La criatura del túnel Fin del archivo – La Calle del Miedo