TÍTULO: el caso de josué velazquez en la mano peluda | acdm 26-03-26 | F260326 AUTOR: Archivista CDM FECHA: 2026-03-26 URL: https://calledelmiedo.com/josue-velazquez-la-mano-peluda/ ================================================================================ Ficha del Archivo Nombre del caso: Josué Velázquez y el supuesto pacto con el Diablo Clasificación: Testimonio mediático; relato de pacto; archivo de radio nocturna mexicana Lugar: México Zona específica: Llamada a La Mano Peluda; entrevista posterior en embarcación (lugar no precisado en fuentes públicas) Fecha o periodo: 2002 (llamada); seguimiento posterior; muerte de Juan Ramón Sáenz en 2011; declaraciones posteriores de Josué Tipo de fenómeno: Pacto que el testigo atribuye a una entidad; presencia constante; beneficio material con restricciones Entidad citada en el entorno del caso: Lucífugo Rofocale (asociación frecuente en el archivo de pactos; el testimonio público no la fija con un acta) Fuentes principales: La Mano Peluda (radio, Juan Ramón Sáenz); cobertura de Extranormal y otros registros mediáticos; declaraciones posteriores del propio Josué Velázquez; entrevista publicada en video Cuando la mano peluda no soltó En un programa de radio nocturno de México, a finales del siglo XX, un hombre llamado Josué Velázquez llama en vivo. Dice que encontró algo en el bosque. No es broma: la voz le tiembla. El conductor lo deja hablar. Josué cuenta que vio una criatura pequeña, que la golpeó, que algo le mordió la muñeca, que después apareció un brazalete imposible en su piel y una mano peluda que no lo suelta del todo. Los oyentes se dividen: broma, delirio, criptozoología de barrio. Él insiste. Pide que alguien vaya al lugar. La noche del aire quedó archivada en cintas y memoria. No hay zoológico que confirme. Hay un caso que México recuerda cada vez que alguien pregunta por la Mano Peluda: testimonio en directo, miedo sin resolución, leyenda nacida de una llamada tarde. Fuente del relato. Caso de Josué Velázquez y la Mano Peluda en radio mexicana (años noventa, programa La Mano Peluda / cultura de terror radiofónico). Escena basada en el testimonio público atribuido. Algunos hechos fueron modificados para hacer más comprensible la historia, manteniendo la esencia original del relato. «No es broma: algo me mordió y ahora la mano no me suelta del todo.» Josué Velázquez Origen y contexto A principios de los dos mil, la radio nocturna mexicana era el sitio donde un testimonio podía durar más que un recorte de prensa. La Mano Peluda, con Juan Ramón Sáenz, vivía de eso: llamadas en vivo, sin el filtro de un reportaje armado. Ahí cabían casas, pactos, posesiones y gente que no iba a repetir la historia al día siguiente frente a una cámara. El caso de Josué nace en ese formato. No en un juzgado. En un programa que, para mucha gente, ya era archivo oral del miedo nacional. El pacto que él describió encaja con un molde viejo —trato, precio, riqueza que no se puede gastar en bien— y con un molde local: el dinero “de extraño origen” que en México se cuenta de boca en boca, casi siempre con la advertencia de que no se comparte. En el entorno del expediente se ha citado a Lucífugo Rofocale, el administrador de tesoros de ciertos grimorios. El archivo anota la asociación. No la convierte en prueba de que esa entidad firmó nada con nadie. La entrevista en el agua importa porque cambia el escenario. Ya no es un teléfono anónimo: es Sáenz yendo a verlo, y Josué eligiendo un sitio —una embarcación— que él mismo presentó como resguardo. El relato gana cuerpo y, al mismo tiempo, se vuelve más difícil de contrastar: no hay una dirección pública, no hay un parte de marina, hay una puesta en escena que el propio testigo pidió. Cuando Sáenz murió, en 2011, el diagnóstico que circuló fue médico: infección gastrointestinal grave, complicaciones. Eso está en el registro sanitario del caso público. Lo que no está es un nexo forense entre esa muerte y la llamada de 2002. El nexo lo armó la audiencia: el locutor investigó al hombre del pacto, se habló de incidentes alrededor del equipo, y después Sáenz se enfermó. En este tipo de archivos esa frase se pega sola. Hay que escribirla y, en la misma línea, decir que no hay papel que la sostenga. Años más tarde Josué volvió a hablar en público. Ya no era solo la voz de una madrugada. Respondía a una historia que había crecido sin él, con acusaciones de que su pacto había “cobrado” al locutor. Él negó esa responsabilidad. Dijo que el relato se había distorsionado. No desmintió haber hablado de un trato. El archivo se queda con esa diferencia: una cosa es el testimonio de 2002; otra, el mito que la radio y la tele le pusieron encima cuando Sáenz ya no podía preguntar. Interpretaciones y explicaciones a) Explicaciones racionales Un testimonio de pacto, dicho al aire y repetido años después, puede ser varias cosas a la vez: creencia sincera, culpa dicha con lenguaje de infierno, invención para durar quince minutos de radio, o una mezcla. La sensación de “no estar solo” aparece también en ansiedad grave, en paranoia y en gente que ha pasado demasiado tiempo aislada. El dinero que “aparece” puede ser un sueldo no declarado, un golpe de suerte reinterpretado, o un detalle que el relato necesita para parecer pacto y no solo miseria. El crimen que Josué atribuyó a la prueba del trato no tiene, en fuentes abiertas, causa penal que lo acompañe. Eso no prueba que mintiera ni que dijera la verdad: prueba que el archivo no puede tratar un asesinato de radio como hecho juzgado. La muerte de Sáenz, en cambio, sí tiene marco clínico. Relacionarla con entidades es una lectura de oyentes y de programas posteriores, no un hallazgo de autopsia. b) Interpretaciones culturales El pacto mexicano de este expediente no necesita biblioteca alemana para funcionar, aunque el molde sea el mismo: alguien pobre pide un atajo, paga con algo que no se puede devolver, y el dinero llega con reglas. No se comparte. No se usa para el bien. La presencia se queda a vigilar. El agua como resguardo —la lancha, el “aquí no se acercan igual”— encaja con una idea vieja de frontera: lo que camina en seco no entra igual al río. En la radio de Sáenz esa idea se volvió escena. También encaja con el oficio del programa. La Mano Peluda no era un tribunal. Era un espacio de madrugada para confesar ante extraños, oírse a uno mismo decir lo peor, y dejar que el país entero lo escuchara. Josué usó ese espacio. El país le devolvió un personaje. Analogías El pacto de Fausto histórico — el molde europeo: saber o placer a cambio del alma; aquí el bien pedido es dinero y poder, y el precio se cuenta en sangre familiar, no en un plazo de veinticuatro años. Pactos satánicos — el archivo general de tratos; este caso es la versión radiofónica mexicana. Lucífugo Rofocale — el tesorero de ciertos grimorios, citado en el entorno del expediente; no hay firma que lo ate al teléfono de 2002. Invocación — el intento repetido de contacto que Josué situó antes del trato, años de prácticas que, según él, no contestaron hasta que contestaron. Testimonios y registros Lo que se puede señalar con fecha es mediático: la llamada a La Mano Peluda en 2002, la entrevista posterior en embarcación, piezas de televisión —entre ellas Extranormal— y un video de declaraciones de Josué que sigue en circulación (entrevista publicada). Lo que no aparece en hemeroteca judicial abierta es el homicidio que él mismo describió como prueba del pacto. Sáenz murió en 2011; la causa que se difundió fue médica. El archivo distingue tres capas que la tele suele mezclar: lo que Josué dijo al aire, lo que Sáenz pudo o no comprobar en persona, y lo que la audiencia concluyó cuando el locutor murió. Solo la primera está grabada con claridad. La segunda es entrevista. La tercera es rumor con forma de expediente. Conclusión CDM Se puede afirmar que un hombre que se presentó como Josué Velázquez llamó a la radio de Sáenz, habló de un pacto y de un crimen, y que esa historia no se apagó cuando colgó. Se puede afirmar que Sáenz lo buscó y que años después el locutor murió de una enfermedad diagnosticada, no de un rito que conste en un parte. No se puede afirmar que el trato existiera, ni que Lucífugo firmara nada, ni que la muerte de 2011 sea “cobro” del infierno. Lo que el archivo sí registra es el efecto: una madrugada de 2002, un micrófono, y un país que todavía discute si aquella voz era un enfermo, un mentiroso o alguien que, de verdad, creyó haber pagado para dejar de ser pobre. Registro adicional Para el molde europeo, Fausto y Mefistófeles. Para el inventario de tratos, pactos satánicos. Para la entidad de las riquezas, Lucífugo Rofocale. Entrevista a Josué Velázquez Fin del archivo — La Calle del Miedo