TÍTULO: La llorona de La Bufa: Una leyenda de Zacatecas | L031026-32 AUTOR: Archivista CDM FECHA: 2026-10-03 URL: https://calledelmiedo.com/la-llorona-de-la-bufa/ ================================================================================ Ficha del Archivo Nombre del caso: La llorona de La Bufa (el llanto del cerro y de las minas). Clasificación: L031026-32. Lugar: Zacatecas. Cerro de La Bufa, al este del Centro Histórico, 2 673 metros, sobre la ciudad minera. Zona específica: Senderos del cerro, bocaminas y veredas que bajan al centro. La Bufa guarda también princesa, tesoro y ánimas de la Toma; esta noche es la del llanto. Fecha o periodo: La Bufa es hito desde 1546, cuando Juan de Tolosa llegó a las minas. Las leyendas del cerro —dama, tesoro, lamentos— se cuentan de la colonia acá. La Llorona de la sierra zacatecana se oye en boca y en prensa local. Tipo de fenómeno: Leyenda. Fuentes principales: Secretaría de Turismo de Zacatecas / Milenio, leyenda del cerro. Fantasmas vagabundos, Redoma, UAZ: damas blancas y ánimas de La Bufa. Prensa de la Llorona en la sierra zacatecana. La leyenda que se cuenta en todo el país está en La Llorona. El llanto en la vereda Cuando el que baja de La Bufa tomó aquella noche la vereda hacia el centro, no iba a buscar un tesoro: iba a llegar a su casa. Zacatecas, de día, es la ciudad de cantera rosa y del teleférico que sube al cerro. De noche el cerro se queda con su propio ruido: el viento en la ladera, una lámpara de calle muy abajo, y el recuerdo de las minas de plata que le dieron origen a la ciudad. El hombre conocía el tramo. Lo camina quien trabaja arriba, quien ataja, quien no esperó el último coche. A esa hora La Bufa no es la postal del turismo: es piedra, precipicio, y el saber de que el cerro tiene más de un muerto. El llanto no venía del centro de la ciudad: venía de más arriba, o de un lado, de una boca de mina o de una peña. Era una mujer que reclamaba, largo, con el ay de los hijos que todo el país le conoce a la Llorona. El eco en la ladera hace el llanto más grande de lo que es. El hombre se detuvo. En la piedra, un tramo adelante, había una figura de mujer de blanco que no bajaba como baja la gente viva. Tenía el cabello largo y un vestido que, de noche, no se acaba de distinguir si es de novia o de mortaja. No ofreció palacio ni plata. No pidió que la cargaran hasta un templo: esa es otra mujer de este mismo cerro, la princesa del tesoro. Esta lloraba. El viento le quitaba y le devolvía la voz, como si el cerro mismo se quejara. No subió a comprobar quién había en la peña. En La Bufa, de noche, el que se desvía de la vereda se queda sin la ciudad abajo y puede caer. Ella no lo siguió. El llanto se le quedó a la espalda, entre la mina y el mirador, y cuando llegó a las primeras casas del centro todavía le parecía oírlo, más fino, como un silbido de viento. Esa noche se acaba en la bajada: un cerro minero, un ay, y un blanco que no era la princesa del tesoro. Al día siguiente el pueblo no discute el cerro. Le dice la Llorona, y le pone La Bufa para no confundirla con la del río. Fuente del relato Esto no lo inventamos. El cerro de La Bufa arrastra, desde que se encontró la plata en 1546, damas blancas, ánimas de mina y de la Toma de Zacatecas —la batalla de 1914 en la que las tropas de Pancho Villa tomaron la plaza—, y un tesoro con la condición de no voltear. Un ensayo de la revista Redoma, de la Universidad Autónoma de Zacatecas, ha leído juntos esos fantasmas vagabundos. La Llorona, en Zacatecas, se oye en sierra, arroyo y ladera, y la prensa local la sigue nombrando. Lo que sigue es una bajada de noche en la que el llanto se pega al cerro minero. La princesa encantada, la que pide que la carguen sin voltear a cambio de un palacio de plata, es otra mujer del mismo cerro. No es esta. «Este lugar es el escenario de las leyendas más representativas del estado […] En este lugar se encuentran colgados, jinetes sin cabeza, duendes, ánimas que piden misericordia y cuevas llenas de tesoros.» «Fantasmas vagabundos. Personajes espectrales en la leyenda del cerro de la Bufa», Redoma, Universidad Autónoma de Zacatecas. La Llorona de la ladera se cuenta en esa misma geografía de ánimas y de mina. La mujer de blanco mira de frente en la ladera, con la boca de mina atrás. La leyenda La llorona de La Bufa es una mujer de blanco que llora en la ladera del cerro minero, entre la vereda y la boca de mina, con el ay de los hijos que todo el país le conoce a la Llorona. No es la princesa que pide que la carguen sin voltear a cambio de un palacio de plata. Es una madre de pena pegada a la piedra y al socavón. Lo que se ve es el vestido claro y el cabello; lo que más se oye es el eco en La Bufa, que agranda el llanto hasta la ciudad de abajo. Se aparece de noche en el sendero, en la peña o junto a una boca de mina. No ofrece oro: reclama. Quien baja se detiene, la oye y sigue hacia las casas. Se le teme porque La Bufa ya es cerro de caídos —mineros, fusilados, y los de la Toma de 1914, la batalla en la que Villa tomó Zacatecas— y un llanto de mujer en esa piedra no se toma por broma. El aviso es no salirse de la vereda y no subir a la peña a ver si el blanco es de carne. Hay otras mujeres en el mismo cerro. La princesa encantada, una vez al año o en un jueves festivo, pide que la carguen a la espalda y prohíbe mirar atrás mientras voces llaman por el nombre; quien voltea desaparece. Las damas blancas y las ánimas que lee la Universidad Autónoma de Zacatecas piden misericordia. La Llorona de la sierra zacatecana se oye también junto a arroyos. Aquí lo que importa es el llanto de la bajada. Las otras se quedan al lado, en el mismo mapa, sin comerse esta noche. El origen La tradición nacional le da a la Llorona hijos perdidos en el agua. En La Bufa el agua es poca y la mina es mucha: el pueblo le pega el lamento a la ladera donde se muere trabajando y combatiendo. Cómo se queda esta mujer en el cerro depende de quién cuenta. No hay un rito para subirla. Hay un pico de 2 673 metros, un real de minas desde 1546 —es decir, un pueblo nacido de la plata— y un ay que el eco devuelve. La princesa del tesoro se queda de otro cuento, el de la cueva de maravillas. Esta llorona se queda a la orilla del precipicio, no en una escalinata de mármol. Prácticas de protección Lo que sí se usa es no salirse de la vereda y no voltear a buscarla en la peña. La princesa del tesoro pide precisamente que no se mire atrás: esa regla no es de esta llorona, pero el cuerpo la aprende igual en La Bufa. No se le responde al ay como si fuera una turista de la tirolesa. Quien baja, baja. Quien reza, reza. Las fuentes no dejaron un amuleto de cerro para esa bajada. Dejaron la ladera y la costumbre de llegar a las primeras casas sin comprobar el blanco. Origen y contexto de la leyenda de la llorona de La Bufa Zacatecas. La Bufa mira la ciudad de cantera rosa que nació de la plata: mirador, teleférico y, debajo, el laberinto de las minas. Zacatecas nació gracias a las minas de plata al pie del cerro de La Bufa. El 8 de septiembre de 1546 llegó Juan de Tolosa, un explorador vasco que encontró el mineral, y en 1548 se fundó la ciudad con él y otros tres socios. Hoy el cerro es el mirador más conocido de la ciudad: tiene el Museo de la Toma de Zacatecas, un teleférico, y abajo se ve el centro de cantera rosa. Por debajo, en las entrañas, queda el laberinto que dejaron siglos de minas. Los pobladores hablan de tesoros, duendes, un jinete sin cabeza y, por supuesto, la llorona. Un ensayo de la revista Redoma, de la Universidad Autónoma de Zacatecas, junta esas ánimas: La Bufa no es solo la postal del teleférico, es el retrato de una ciudad minera. La Llorona que todo el país conoce es de río y de hijos. En Zacatecas el río es poco y lo que hay debajo es mina. Por eso esta leyenda no es la misma que la de La Llorona del artículo nacional: aquí el llanto se pega a la ladera y al socavón. La del Bravo, en Tamaulipas, es de frontera. Esta es de cerro. Si se cuentan como una sola madre, se pierde el lugar. Interpretaciones y explicaciones a) Explicaciones racionales El viento en la ladera y el eco de una peña bastan para fabricar un llanto que el que ya sabe la leyenda nombra enseguida. Una mujer de carne, de blanco, en la vereda turística o en un velorio de barrio alto, explica el bulto sin pedir un socavón. Mineros, la Toma y el precipicio organizan el miedo: La Bufa tiene muertos de sobra para que cualquier ay se les pegue. Limitaciones. Eso explica el eco, el turismo y la historia militar. No le quita a las bocas el blanco en la peña, ni a la UAZ las ánimas que piden misericordia, ni al que bajaba el llanto que se le quedó a la espalda hasta las primeras casas. Quien hereda el relato no debate si 1546 es un año de plata. Debate el ay que no es de la princesa. b) Interpretaciones culturales El mito pone una madre en el cerro que se tragó peones: el metal tiene precio de llanto. Parte dos modos de La Bufa: la mujer del tesoro que tienta la codicia, y la que llora sin ofrecer nada. Zacatecas usa el cerro para decirse ciudad de mina y de batalla, no solo de teleférico. Analogías Los knockers de las minas de Cornualles golpean el socavón; aquí el cerro llora con voz de mujer. El parentesco es el metal y el muerto de adentro. La diferencia es el ay. Las damas blancas europeas de peña y de castillo caminan el mismo hábito de vestido claro; esta trae hijos en la boca, aunque el agua esté lejos. La Llorona del artículo nacional es río. La del Bravo, en Tamaulipas, es frontera. La de La Bufa es ladera y mina. El Charro de otros caminos no sube aquí a quitarle lo que hace. Quien las escribe como una sola noche de «mujer que llora en México» pierde el cerro. Testimonios y registros Se transmite de boca zacatecana, en la leyenda turística del cerro, en la Redoma de la UAZ, y en la prensa de la Llorona de la sierra. Los patrones que se repiten, cuando el cuento todavía es de bajada y no de palacio de plata, son estos: Es de noche, en la vereda de La Bufa, con la ciudad abajo y la mina a un lado. Un llanto de mujer, ay de hijos, agrandado por el eco de la ladera. Un bulto blanco en la peña o junto a una boca de mina. No ofrece tesoro. Quien baja no se sale del camino a comprobar. Al día siguiente el cerro ya tenía el nombre. Conclusión CDM Qué se sabe: en Zacatecas se cuenta una Llorona pegada a La Bufa, cerro de minas y de la Toma, con llanto de mujer en la ladera. El mismo cerro tiene princesa de tesoro, duendes y ánimas: la UAZ los ha leído juntos. Esta noche es la del ay, no la del palacio de plata. El mito nacional de la Llorona está en otro artículo. Qué no puede comprobarse: que el blanco de la peña no sea viento y un vivo; que los hijos estén en un socavón; que esta mujer sea la misma princesa que pide no voltear. No hay un atestado de vereda. Hay un cerro y un llanto. Lo que queda es la bajada. Un ay en la ladera, un blanco que no ofrece plata, y la decisión de no salirse de la vereda. Quien llega a las primeras casas de Zacatecas ya entendió cómo se porta: la llorona de La Bufa no siempre persigue. A veces solo llora arriba, y basta. Registro adicional La llorona de La Bufa · Cerro de La Bufa · Zacatecas · minas · UAZ · Redoma · L031026-32 Fin del archivo – La Calle del Miedo