
Ficha del Archivo
- Nombre del caso: La bruja de Suchitlán (el brujo-nahual del pueblo; Gorgonio Avalos en la boca local).
- Clasificación: L031026-09.
- Lugar: Suchitlán, municipio de Comala, Colima, en las faldas del Volcán de Colima.
- Zona específica: Calles empedradas del pueblo, los portales y el monte que empieza enseguida. Suchitlán, en náhuatl, quiere decir «lugar de flores».
- Fecha o periodo: Se cuenta desde principios del siglo XX. Gorgonio Avalos, el hombre que fundó el ejido que todavía lleva su apellido, fue perseguido y, según Regino Castro de los Santos, un vecino que aún hablaba náhuatl, lo atraparon y lo mataron en 1927.
- Tipo de fenómeno: Leyenda.
- Fuentes principales: La Jornada, 24 junio 2002, corresponsalía de Comala: Enrique González Avalos y Regino Castro de los Santos. Edith Yesenia Peña Sánchez y Lilia Hernández Albarrán, investigadoras del INAH, Entre saberes ancestrales y conocimientos contemporáneos, 2014. Compilación del cura y la silla en mitos-mexicanos.com / Miedoteca, sin partida ni apellido del sacerdote.
Cuando se volvió picho
Suchitlán de noche no es el pueblo de las máscaras ni el del café. El Volcán de Colima tapa una parte del cielo y el empedrado guarda el calor del día hasta tarde. El que cruza a esa hora va a un portal, a una limpia o a no ser visto. Los militares, cuando vinieron por Gorgonio Avalos, el hombre que había fundado el ejido de su apellido y que había hecho moverse a los pueblos en defensa de la tierra, no venían a una limpia. Venían a un hombre, y la orden era matarlo.
En la boca del pueblo, haber fundado ejido no lo libraba: lo hacía brujo. Lo buscaban a pie, entre casas de teja y el monte que empieza enseguida. Cuando lo tenían encima, ya no era el de la plaza. Era burro. Era picho, que aquí quiere decir guajolote, y el cuerpo se iba por donde un soldado no alcanza a un ave. Nadie dejó el nombre del que disparó ni el del que lo vio cruzar el solar. Quedó el modo: lo persiguieron como a un hombre y se les fue como animal.
Suchitlán se quedó con la fama. Después, para no mancharse, el vecino prefiere decir curandero y no brujo. Enrique González Avalos, que en 2002 era comisario municipal del pueblo, todavía no negaba la leyenda: antes sí había, y esos sí eran trabajos pesados. Gorgonio se quedó con la piel que no era suya, y el pueblo con un nombre que el forastero sigue usando aunque el de la casa ya no lo pronuncie.
Fuente del relato. La Jornada lo publicó el 24 de junio de 2002, desde Comala, el municipio al que pertenece Suchitlán. La nota habla del pueblo como cuna de brujos y curanderos, y de la leyenda de Gorgonio Avalos, el indio que se convertía en guajolote y en otros animales para escapar de los militares. Enrique González Avalos, que entonces era comisario municipal, y Regino Castro de los Santos, un vecino que todavía recordaba náhuatl, hablaron con su nombre. Aquí se cuenta esa persecución con más calma, con lo que ellos dejaron, sin un soldado con apellido ni un final de silla que esa nota no trajo.
«Brujos, brujos no hay. Antes sí había, no podemos negarlo, porque la leyenda dice que el señor Gorgonio se volvía burro y picho (guajolote) para escapar de sus perseguidores. Esos sí eran trabajos pesados.»
Enrique González Avalos, comisario municipal de Suchitlán, en La Jornada — Suchitlán, entre curanderos y brujos, 24 junio 2002.

La leyenda
La bruja de Suchitlán, en la boca del pueblo, no es una mujer de escoba. Es el miedo que se nombra en femenino y, cuando hay que señalar a alguien, cae sobre Gorgonio: un brujo-nahual, es decir un hombre que cura y que daña, que echa las cartas, que pone encargos y que de noche deja el cuerpo de gente para tomar el de animal. Hierbas, pieles, velas, ídolos de barro. El otro cuerpo —burro, picho, el que haga falta— no es disfraz de feria: es el modo de no estar cuando lo buscan.
De día, o a puerta cerrada, atiende al que llega con mal de cuerpo o de alma. De noche, si hay persecución o si hay que cruzar el monte, se va en otra piel. La historia del cura que quedó pegado a la silla —hierbas, seña, carrera hasta la iglesia— corre en compilaciones de folclore colimense, sin apellido del sacerdote: el que vino a callarlo salió rezando. El pueblo, después, prefiere decir curandero. El forastero sigue diciendo brujo.
Se le teme porque Suchitlán es chico y el volcán está cerca, y porque el que cura también sabe encargar. Se le cuenta al que pregunta por máscaras y se encuentra con que el mismo pueblo que talla madera todavía esconde el nombre. El miedo no es el turismo de «tierra de brujos». Es que el de la limpia, si lo persiguen, ya no está en la casa.
Origen, adquisición o manifestación
Gorgonio no se hizo nahual en un ungüento que la fuente fije. Nació en el pueblo, fundó ejido, defendió tierra, y la leyenda le pegó el cambio de piel como manera de escapar. El resto del pueblo hereda el saber por enfermarse y curarse, por hierbas y por sombra, como documentaron Edith Yesenia Peña Sánchez y Lilia Hernández Albarrán, investigadoras del INAH, en 2014: el de bata blanca no les quita el agarre de duende —la enfermedad que se le echa a un espíritu del monte— ni la pérdida de sombra. El nahual, aquí, se adquiere con lo que uno hace y con la fama, no con una hora de receta.
Prácticas de protección, control o defensa
La Jornada lo oyó en la plaza: ya no hay brujos, hay curanderos. Eso es protección de buen nombre. El cura de la compilación corre a la iglesia, se postra y se queda en el altar; postrarse e irse de esa casa le basta. La limpia, las cartas y no nombrar al vivo como brujo son el control de todos los días. Contra Gorgonio, los militares no tuvieron oración: tuvieron orden de matarlo, y la leyenda dice que el animal se les adelantó hasta 1927.
Origen y contexto de la leyenda de la bruja de Suchitlán

Suchitlán está a un rato de Comala, en las faldas del Volcán de Colima. El náhuatl se apaga. Quedan las máscaras, el otate, el café y la fama de Tierra de Brujos, que el INAH fue a documentar como medicina tradicional y no como feria. Gorgonio Avalos es el nombre que la nota de 2002 todavía puede decir: fundador de ejido, perseguido, muerto en 1927, y en la boca del comisario un hombre que se volvía animal.
La historia del sacerdote pegado a la silla circula en compilaciones de folclore colimense, sin partida ni apellido. Queda al lado de Gorgonio: mismo pueblo, otro trámite, el de la Iglesia que no pudo callar al que curaba. Hoy el visitante llega por las flores y se va con la palabra brujo en la boca. El vecino, si puede, no la usa.
Interpretaciones y explicaciones
a) Explicaciones racionales
- Un dirigente agrario que se esconde en el monte se cuenta después como animal: el guajolote y el burro explican cómo no lo hallaron.
- Suchitlán protege la limpia y la curación llamándolas de otro modo; el forastero oye «brujo» donde el comisario dice «el que sabe curar».
- La silla del cura es cuento de poder: el que llega a reprender se queda pegado, y el pueblo gana la pelea sin tribunal.
Limitaciones. Eso cubre el escondite y el eufemismo. No le quita a González Avalos el «trabajos pesados» ni a Castro el 1927. Quien hereda el relato no debate si Gorgonio fue ejidatario: debate si el picho era él.
b) Interpretaciones culturales
- El nahual que se vuelve animal para no morir es poder de tierra, no de púlpito: la defensa del ejido se cuenta en piel.
- Nombrar curandero y no brujo es la negociación del pueblo con la fama que le pusieron desde afuera.
- El volcán y el empedrado hacen de Suchitlán un lugar donde lo que cura y lo que daña caben en la misma casa.
Analogías
En otras sierras de México el nahual también cambia de cuerpo para huir o para dañar. El parentesco es la piel prestada. La diferencia de fondo es que aquí el nombre propio —Gorgonio— viene de la tierra y de la nota, no de un diablo de camino.
El Charro Negro tapa el paso a caballo y no se vuelve ave. La bruja europea de aquelarre vuela con otro contrato. Suchitlán se queda con el picho y con el que echa las cartas detrás del portal.
Testimonios y registros
Se transmite en la plaza, en la nota de La Jornada y en el trabajo del INAH sobre curanderos. Los patrones que se repiten, cuando el cuento todavía es de pueblo y no de souvenir, son estos:
- Suchitlán se nombra Tierra de Brujos y el vecino responde que hay curanderos, no brujos.
- Gorgonio Avalos se vuelve burro o picho cuando lo persiguen los militares.
- Un sacerdote entra a la casa de hierbas y pieles y no puede levantarse de la silla hasta que el otro hace la seña.
- El de bata blanca no quita el empacho de sombra ni el agarre de duende; para eso se va a la casa del que sabe.
Conclusión CDM
- Qué se sabe: Suchitlán, en Comala, carga fama de brujos y de medicina tradicional. La Jornada recogió en 2002 que Gorgonio Avalos se volvía animal para escapar, y que lo mataron en 1927. El INAH documentó el oficio de curar.
- Qué no puede comprobarse: que un hombre se volviera guajolote; que el cura de la silla haya existido con ese trámite; que la limpia de hoy sea el mismo poder de Gorgonio.
Lo que queda es el empedrado y un volcán encima. Quien pregunta por brujos oye curanderos. Quien pregunta por Gorgonio oye el picho, y el pueblo no se desdice del todo.
Registro adicional
L031026-09 · Colima · Suchitlán · Comala · Gorgonio Avalos · Enrique González Avalos · Regino Castro de los Santos · Nahual · Charro Negro
Fin del archivo – La Calle del Miedo
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