El Masalai | L070726
En Goroka, el perro del jefe habló con voz de hombre. Al amanecer, huellas humanas salían del techo de la casa de reuniones.
En Goroka, el perro del jefe habló con voz de hombre. Al amanecer, huellas humanas salían del techo de la casa de reuniones.
En los llanos venezolanos, un silbido distorsionó el joropo; una figura esquelética con saco de huesos cruzó la sabana.
En el Magdalena Medio, un olor a carne asada llevó al leñador a un claro donde La Patasola saltaba en un solo pie.
De noche junto al río, oyó el llanto de La Llorona antes de ver el vestido. No se acercó. Quedaron huellas húmedas.
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