DELIRIUM TREMENS: un encuentro con el diablo | tcdm 26-02-26

delirium tremens un encuentro con el diablo

Presentado por Daniel Barroso.

El siguiente testimonio fue recibido a través de nuestro correo electrónico.
Agradecemos a quien decidió compartir esta experiencia familiar con nosotros.
Los nombres han sido respetados a solicitud del remitente.

Nos comparte una experiencia ocurrida a su padre en 1980.

No es ficción.
No es reconstrucción histórica.
Es alguien confiando en CDM.


Ficha

Tipo de experiencia: Encuentro con entidad / manifestación oscura
Lugar (general): Pueblo del centro de México
Año aproximado: 1980


Relato

Lo que voy a contar ocurrió el 3 de mayo de 1980. Yo tenía apenas un año de edad, pero esta historia la escuché directamente de mi padre, de mi abuela y de mi tía en múltiples ocasiones. En mi familia nunca se trató como un cuento, sino como algo que realmente pasó.

Mi padre tenía un problema severo con el alcohol. En el pueblo era conocido por su forma extrema de beber. Decían que hacía cosas sorprendentes estando borracho: acostarse sobre vidrios, morder botellas, soportar dolor sin mostrar reacción. Algunos pensaban que estaba poseído; la mayoría simplemente creía que era un alcohólico perdido.

Mi madre no lo soportaba más y se iba a casa de mis abuelos con nosotros, sus tres hijos pequeños. Pero siempre regresaba cuando él prometía cambiar. Él nunca fue violento físicamente, pero tampoco era el esposo ni el padre que debía ser.

Tiempo antes de lo ocurrido, hizo una peregrinación a pie desde el Bajío hasta el Tepeyac. Ya llegando a su destino, frente a la imagen de la Virgen, hizo una súplica desesperada: pidió recuperar la sobriedad y su familia. Contra todo pronóstico, llevaba ya un par de meses sin beber cuando ocurrió aquella noche.

Ese sábado llegó solo a casa. Mi madre estaba de visita con mis abuelos. Encendió una vela y se sentó en su cama. Cuando intentó prender un cigarro, escuchó una voz que parecía salir al mismo tiempo de las cuatro paredes:

“Préndetelo por atrás…”

La voz era grotesca y burlona.

Los perros comenzaron a ladrar con desesperación. Las aves en los árboles hicieron un alboroto inusual. Mi padre salió corriendo descalzo hacia la casa de mi abuela. Llegó pálido, temblando, asegurando que algo lo había espantado.

No le creyeron.

Lo dejaron dormir ahí con una estampa bendecida de la Virgen María Auxiliadora en las manos.

Horas después, ya entrada la madrugada, algo comenzó a empujar la cama desde abajo. El colchón se levantaba como si un bulto se moviera por debajo. Colocó la estampa sobre el lugar donde sentía el movimiento y aquello se desplazó con un rugido hacia el otro extremo.

Intentó salir del cuarto, pero cayó de espaldas como si algo lo hubiera jalado con fuerza. Mi abuela y mi tía lo sostenían mientras una fuerza contraria tiraba de él hacia la oscuridad. Ellas no veían ninguna figura, pero sentían claramente el jaloneo.

Los animales del patio estaban alterados.

Mi padre logró soltarse y corrió hacia el fondo del terreno. Allí sintió una mano pesada sobre su hombro que lo obligó a girar.

Frente a él —según su propio relato— había una figura deforme, cubierta de pelo, con colmillos largos y ojos rojos intensos.

“Soy el Diablo”, respondió aquella figura cuando él preguntó quién era.

Mi padre comenzó a rezar. Decía que cada oración hacía que la figura retrocediera con claros gestos de dolor. Cuando dejaba de rezar, regresaba acompañada de más sombras.

Mi abuela y mi tía se unieron en oración sin ver nada, pero escuchando gruñidos en la oscuridad.

Con el amanecer, todo cesó.

Esa mañana mi padre fue al templo. Agradeció por seguir vivo y pidió una señal para saber si estaba condenado por su pasado. Él aseguraba que la imagen de la Virgen movió la cabeza en señal de negación.

Desde ese día no volvió a beber.

Con el tiempo fundó, junto con otros compañeros, el primer grupo de Alcohólicos Anónimos en el pueblo. Trabajó, sostuvo a su familia y cambió por completo su manera de vivir.

Los médicos explican el delirium tremens como una condición asociada a la abstinencia en personas con alto consumo de alcohol, generalmente dentro de las primeras 48 a 72 horas. Mi padre llevaba ya varios meses sobrio.

Mi abuela y mi tía siempre sostuvieron que algo lo jalaba físicamente aquella noche.

En mi familia, este hecho marcó un antes y un después. No fue una historia para asustar, sino el momento que transformó la vida de mi padre.

Los médicos decían “fué el delirium tremens”, lo que no explican es por qué pasó tanto tiempo después de la desintoxicación.


Nota Reflexiva

Hay relatos que no exigen ser comprobados, sino comprendidos desde la experiencia de quien los vivió.
Este es uno de ellos.

Gracias por caminar con nosotros en La Calle del Miedo.

Si tú o alguien cercano ha vivido una experiencia que no ha podido explicar, puedes enviarla a nuestro correo o inbox.
Tu historia será tratada con respeto, confidencialidad y seriedad editorial.

Delirium Tremens – Medicine Plus

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