
Contenido
- 1Ficha del Archivo
- 2Esta investigación
- 3El príncipe y la corte
- 4El expediente
- 5Lo que la fe nombra
- 6Los siete oficios
- 7La corte feudal
- 8Los cuatro de los puntos
- 9Los coros que se invierten
- 10Lo que oye el exorcista
- 11Origen y contexto
- 12Interpretaciones y explicaciones
- 13a) Explicaciones racionales
- 14b) Interpretaciones culturales
- 15Analogías
- 16Testimonios y registros
- 17Conclusión CDM
- 18Registro adicional
Ficha del Archivo
- Nombre del caso: La jerarquía de los demonios. Serie El diablo católico, anexo.
- Clasificación: I070926-5.
- Lugar: Textos. Grimorios, tratados de posesos, relatos de exorcistas.
- Zona específica: El infierno de la corte: tronos, oficios, legiones.
- Fecha o periodo: Del siglo XV al XXI. Catálogos desde el Lanterne of Light (c. 1410) y Weyer (1577); Amorth pregunta el nombre en Roma a finales del XX.
- Tipo de fenómeno: Investigación documental.
- Fuentes principales: Peter Binsfeld, Tractatus de confessionibus maleficorum et sagarum (1589); Johann Weyer, Pseudomonarchia Daemonum (1577); Ars Goetia / Lemegeton; The Lanterne of Light (c. 1409-1410); Catecismo 391-395; Gabriele Amorth, Un esorcista racconta y An Exorcist Explains the Demonic; Collin de Plancy, Dictionnaire Infernal; Pseudo-Dionisio, De coelesti hierarchia.
Esta investigación
El diablo que enseña el catecismo católico no es un segundo dios ni el rojo de la feria. Es, según la Iglesia, un ángel creado bueno que se hizo malo por su cuenta. Eso lo fijó el IV Concilio de Letrán en 1215. La serie lo cuenta en cuatro archivos: cómo se llama, la guerra en el cielo, quién era y por qué cayó, los que perdieron y lo que no es dogma. Este es el anexo: la corte. Los nombres que la gente busca cuando ya sabe que hay un príncipe y quiere el organigrama.
Letrán nombra al diablo y a los otros demonios. El Catecismo habla de un príncipe y de «ángeles de él». El resto —duques, pecados, setenta y dos sellos, cuatro reyes de los puntos— sale de grimorios, de tratados de posesos y de lo que un exorcista oye cuando pregunta el nombre. Aquí se mencionan los principales, con el oficio que esos libros les cuelgan. No se copia el arte de llamar. Weyer, que armó el catálogo más citado, omitió pasajes a propósito para que nadie lo imitara a la ligera. Este archivo hace lo mismo: nombres y funciones, no receta.
El príncipe y la corte
Quien llega aquí suele traer ya una pregunta más baja que el dogma: quién manda, quién tienta qué, cómo se llaman los de abajo. La fe católica deja esa pregunta casi vacía. Mateo 25,41 habla del fuego preparado para el diablo y sus ángeles. El Catecismo 395 dice que el poder de Satán no es infinito: es criatura. Amorth, que exorcizó en Roma durante décadas, empieza por lo mismo que el ritual: el nombre. Si el espíritu suelta uno bíblico o de tradición —Satán, Lucifer, Beelzebú, Asmodeo, Zebulun, Meridian—, dice que se trata de un peso pesado. El resto del directorio lo escribieron otros: obispos cazadores de brujas, médicos que se burlaban de los magos, y el pueblo que necesita un organigrama para el infierno.
«Durante el rito pregunto al espíritu inmundo su nombre; cada uno tiene un nombre. Cuando el demonio tiene un nombre bíblico o de la tradición (por ejemplo, Satán, Beelzebú, Lucifer, Zebulun, Meridian o Asmodeo), estamos ante “pesos pesados”, mucho más duros de vencer.»
Gabriele Amorth, en la línea de An Exorcist Explains the Demonic. Extracto en Catholic Exchange.
El expediente
Lo que la fe nombra
En doctrina hay poco censo. Hay un príncipe —Satán, el diablo, el que la tradición también llama Lucifer— y hay los suyos. Conservan inteligencia de ángel y voluntad torcida. El Catecismo no reparte ducados ni pecados capitales. Amorth y su maestro, el pasionista Cándido Amantini, oyen cantidades: dos, cinco, veinte, treinta; un día un demonio le dijo a Amantini que eran tantos que, si se vieran, oscurecerían el sol. Eso alimenta el morbo y no llena un padrón. La jerarquía que sigue es la que los libros de magia y los tratados de vicios pegaron encima de esa pobreza de dogma.
Los siete oficios
El infierno, en esta lista, se organiza como un confesionario: un nombre por pecado. El obispo Peter Binsfeld, en 1589, en un tratado sobre confesiones de maléficos y brujas, dejó la versión que más circula. Una generación antes, el opúsculo lollardo The Lanterne of Light (hacia 1410) ya había repartido siete diablos; los nombres no coinciden del todo. Lo que el lector busca suele ser Binsfeld:
- Lucifer — soberbia. El primero de la lista: el que se alzó.
- Mammón — avaricia. El oficio del tesoro y de lo que no basta.
- Asmodeo — lujuria. El nombre ya viene de Tobías: el que mata a los maridos en el tálamo.
- Leviatán — envidia. El monstruo del caos, reconvertido en vicio que mira lo ajeno.
- Beelzebú — gula. Señor de moscas en el folclore; aquí, el apetito que no cierra.
- Satán — ira. El acusador, puesto a cargo de la cólera.
- Belfegor — pereza. El que tienta con el descanso que no se gana.
En el Lanterne, Beelzebú lleva la envidia, Satán la ira, Abadón la pereza, Mammón la avaricia, Belfegor la gula y Asmodeo la lujuria. Lucifer sigue arriba. El archivo no fusiona las dos listas: son dos organigramas para el mismo miedo, el de que cada vicio tenga cara y nombre.

La corte feudal
Johann Weyer, médico de Cléveris, publicó en 1577 un apéndice a su libro sobre los engaños de los demonios y lo tituló Pseudomonarchia Daemonum: la falsa monarquía. Lo sacó, dice, para que se viera la vanidad de quienes se llaman magos. Omitió voces «para que el curioso no se atreva a imitar a la ligera esta prueba de necedad». La Ars Goetia del Lemegeton, en el siglo XVII, tomó esa lista, la subió a setenta y dos para emparejarla con el Nombre de setenta y dos letras, y le puso sellos. Lo que aquí cabe es el rango y el oficio de los que más se buscan. No el círculo.
Reyes. Bael, del poder del este: invisibilidad y sabiduría. Paimon, más obediente a Lucifer que los otros reyes: artes, ciencias, cosas ocultas, dignidades. Beleth: aficiones y amores. Purson: lo escondido, lo pasado y lo por venir. Asmoday (Sidonay): geometría, aritmética, astronomía, tesoros. Belial, de quien algunos dicen que fue creado en seguida de Lucifer: cargos, favor de amigos; no se queda en la verdad ni una hora, salvo que se le obligue.
Duques. Agares: lenguas, huidos que vuelven y quietos que huyen, terremotos. Astaroth: pasado, presente y futuro; artes liberales; habla de la caída y dice que él no se precipitó por su cuenta. Barbatos: voces de aves y de perros, tesoros que escondió otro mago. Eligor: guerra y favor de señores.
Príncipes. Sitri: inflama la lujuria. Orobas: divinidad y creación, respuestas que el libro presenta como verdaderas. Stolas: astronomía, hierbas, piedras.
Marqueses. Amon: pasado y futuro; reconcilia amigos y enemigos. Andras: siembra discordia. Phoenix: poesía y ciencias.
Presidentes. Marbas: lo oculto, la enfermedad y su cura, artes mecánicas. Buer: filosofía, hierbas, sanar. Malphas: torres y casas. Valac: serpientes y tesoros.
Condes. Furfur: amores, trueno y relámpago; dice verdad si se le fuerza. Raum: hurto, ciudades, pasado y futuro.
Caballero. Furcas, el único de ese grado en Weyer: filosofía, astrología, retórica, lógica, quiromancia y piromancia. Un oficio de escuela, colgado a un espíritu para que el catálogo parezca universidad.

Los cuatro de los puntos
Los manuscritos de los que Weyer abrevió ponían, antes de Bael, a Lucifer, Beelzebú y Satán, y luego cuatro reyes de los rumbos. Oriens al este, Paimon al oeste, Egyn o Ariton al norte, Amaymon al sur. Paimon aparece dos veces: como rey del catálogo y como uno de los cuatro. El este, el oeste, el norte y el sur le dan al infierno un mapa. El Catecismo no lo dibuja.

Los coros que se invierten
Pseudo-Dionisio ordenó el cielo en nueve coros: serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes, potestades, principados, arcángeles, ángeles. Los grimorios, cuando anotan de qué orden cayó cada uno, invierten esa escalera. Weyer dice que Belial trae virtudes y ángeles; que Agares fue de las virtudes; que Paimon, en la Goetia, fue de las dominaciones. Es una burocracia del cielo puesta al revés. Tomás distinguía coros; no les puso esta nómina de duques. Quien busca «de qué coro cayó Lucifer» está leyendo esa inversión, no Letrán.
Lo que oye el exorcista
Amorth no recita a Weyer. Pregunta el nombre porque el ritual lo pide y porque, si sale uno de tradición, el caso pesa. Advierte que el demonio charlatán distrae: no hay que hacer preguntas inútiles por curiosidad. Satán, Lucifer y Beelzebú son, en su boca, el mismo príncipe cuando el poseído suelta la cédula mayor. Asmodeo entra por la Biblia y por Binsfeld. Zebulun y Meridian no están en la Goetia de cabecera; circulan en la práctica de sala, en esa zona donde el rito oye lo que el grimorio no copió. El morbo quiere el directorio completo. El exorcista quiere un nombre para expulsar, y callar lo demás.
Origen y contexto
La corte se arma porque el cielo ya tenía jerarquía. Si los que cayeron eran ángeles, el pueblo les deja el grado. Los pecados capitales, fijados en la pastoral latina, piden un patrón por vicio: el Lanterne y Binsfeld se lo dan. El Renacimiento convierte eso en feudalismo de papel: reyes, duques, marqueses, un caballero. Weyer lo publica para mostrar el fraude. Los magos, y después Collin de Plancy con las láminas del Dictionnaire Infernal (1863), lo convierten en álbum. El siglo XX lo pasa al cine y a la red: Paimon, Belial, Astaroth se buscan porque suenan a clave. Amorth, en esa misma centuria, sigue preguntando tres o cuatro nombres de Escritura y deja el álbum fuera del misal.
Interpretaciones y explicaciones
a) Explicaciones racionales
- Los siete oficios son un mnemotécnico pastoral: cada vicio gana un rostro para el sermón y para la confesión.
- Weyer tituló falsa monarquía y recortó el rito; el directorio nació como mofa de los magos y se leyó después como manual.
- Los rangos feudales y los coros invertidos proyectan la corte humana y la angélica sobre un infierno que el concilio dejó sin censo.
Limitaciones. Eso explica el papel. No le quita a Amorth la certeza de que, en la sala, alguien responde con un nombre y que algunos nombres pesan más. El grimorio no prueba la posesión. El rito no prueba a Paimon.
b) Interpretaciones culturales
- El morbo pide organigrama: un príncipe sin corte se siente incompleto, y el catálogo lo completa.
- El nombre propio se busca porque se puede pronunciar; el oficio abstracto no llena una noche de lecturas.
- La Goetia y Plancy enseñan más diablos a Occidente que Letrán, igual que Milton enseña más guerra que el Apocalipsis.
Analogías
En el Islam, Iblís encabeza a los shayatin; hay rangos y oficios, no el mismo feudalismo de Weyer. En 1 Henoc, los Vigilantes bajan con nombres (Semyaza, Azazel) y artes prohibidas: otra lista, otra caída, y está en el cuarto archivo. Los reyes de los infiernos budistas administran castigos por tipo de falta, cercanos a Binsfeld en la idea —un vicio, un encargado— y lejanos en la teología. Lilith y los íncubos entran por el folclore y por grimorios posteriores; no son un coro de Letrán. Se nombran para no tragarlos.
Testimonios y registros
- Catecismo 391-395; Mateo 25,41: el príncipe y los suyos, sin padrón.
- The Lanterne of Light, c. 1410; Binsfeld, 1589: siete oficios, dos listas.
- Weyer, 1577, Pseudomonarchia: rangos y oficios; el autor recorta el rito. Goetia posterior: 72 nombres y sellos.
- Amorth: el nombre al inicio del rito; pesos pesados de Escritura y tradición; la charla inútil como trampa. Amantini: tantos que oscurecerían el sol.
- Plancy, Dictionnaire Infernal: el álbum que el siglo XIX le puso a la corte.
Conclusión CDM
- Qué se sabe: la fe católica afirma un príncipe y ángeles caídos a su cargo, con poder real y no infinito. Los catálogos de pecados (Binsfeld), de rangos (Weyer, Goetia) y de rumbos (los cuatro reyes) existen como tradición literaria y como lo que el morbo pide cuando el dogma cabe en tres líneas. Amorth pregunta el nombre y distingue pesos pesados de Escritura.
- Qué no puede comprobarse: que esa nómina feudal sea la corte real del infierno, que cada pecado tenga un titular único, o que los setenta y dos coincidan con los que un rito oye en sala.
El anexo deja la corte sobre la mesa: oficios, rangos, unos cuantos nombres que se buscan. Las cuatro partes de la serie siguen siendo el dogma y los textos. Esta página es el directorio que la noche pide cuando ya sabe que hay un príncipe y quiere saber quién más hay abajo.
Registro adicional
Jerarquía demoníaca · Binsfeld · Weyer · Goetia · Paimon · Belial · Asmodeo · Astaroth · Amorth · I070926-5 · parte 1 · parte 2 · parte 3 · parte 4
Fin del archivo – La Calle del Miedo
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