La Llorona | L040726
En Santa Cruz Atizapán la calle estaba vacía. Los lamentos parecían de mujer. Los perros ladraron hasta que el sonido se cortó. Nadie salió a comprobar.
Desde los nahuales de la tradición nahua hasta La Llorona del mestizaje. Documentación del patrimonio de terror mexicano: criaturas, fantasmas y demonios del folclore nacional.

En Santa Cruz Atizapán la calle estaba vacía. Los lamentos parecían de mujer. Los perros ladraron hasta que el sonido se cortó. Nadie salió a comprobar.
En Yucatán, risas pequeñas y piedras en el techo; al amanecer el milpero estaba cerrado con enredaderas vivas.
En Hidalgo, un caballo negro sin sombra llevó al muchacho; al saltar encontró monedas quemadas en el bolsillo.
De noche junto al río, oyó el llanto de La Llorona antes de ver el vestido. No se acercó. Quedaron huellas húmedas.
En Ocoyoacac, un fraile cruzó el puente contra el sentido; al pasar, el asiento trasero quedó mojado como de río.
Un hombre rentó la 903 de Francisco Juárez, en Celaya. De noche una niña se le aparecía, le azotaba las puertas y le gritaba que se fuera de su casa.
En la México-Toluca, el GPS reinició y una niña de blanco caminó en el arcén a la velocidad del auto.
Al borde del cenote, copal y trueno abrieron la lluvia sobre el milpero: Chac respondió cuando el pozo pidió respeto. En las Siete Luminarias se cuenta todavía.
En el muelle de Córdoba, la mulata acusada se alejó en barca sin remos mientras el mar se calmaba de forma imposible.
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