La Planchada: la enfermera fantasma del Hospital Juárez | L300826
Cuando las de turno se sientan a cenar y vuelven, los medicamentos ya están dados. El de la cama habla de una señorita bien arregladita. Nadie del personal lo hizo.
Cuando las de turno se sientan a cenar y vuelven, los medicamentos ya están dados. El de la cama habla de una señorita bien arregladita. Nadie del personal lo hizo.
Una noche de otoño en la Ciudad de México, una hoja volante de Posada mostró la calavera garbancera bajo el farol. El traje fino ya no compraba permanencia.
Primero de noviembre, altiplano mexicano: la mesa con agua, pan y cempasúchil ya estaba puesta. Nadie vio cruzar el umbral; todos sabían para quién era.
En González Saracho, de madrugada, un hombre de ropas oscuras se arrodilló en el umbral de San José y rezó sin cruzar la puerta.
En un camino de Yucatán un ciclista oyó ladridos y no vio perro. En el pueblo dijeron que no era animal suelto: era Huay Pek, el perro brujo.
De madrugada un gato negro esperó en el umbral sin ser el de la casa. La mujer no abrió: en Yucatán el Huay Mistún pide paso.
Tras la lluvia un cerdo los miró de pie en mitad del camino. Nadie tiró piedra; en Yucatán eso ya no es solo ganado.
Cerca de Yaxcabá un pájaro los siguió de poste en poste sin ruido de alas. En la tradición, el Huay Coot memoriza el rostro.
En un sendero de Yucatán un chivo habló con voz casi humana. El hombre rodeó el camino sin correr; la abuela ya lo había advertido.
Hay andenes que el mapa no pinta y transmisiones que no son de viajero. El archivo separa búnker, Expometro y leyenda en el Metro de la CDMX.
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