La leyenda de Zhong Kui | L070726
En Shaanxi, el retrato de Zhong Kui ordenó fuera a la bestia. Al amanecer, huellas de garras terminaban en ceniza.
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En Shaanxi, el retrato de Zhong Kui ordenó fuera a la bestia. Al amanecer, huellas de garras terminaban en ceniza.
En la estepa persa, la nugui susurró desde el viento y tres ovejas amanecieron muertas sin marca.
En el valle chino, papel rojo y bambú encendido ahuyentaron al nian antes del amanecer del Año Nuevo.
En Hangzhou, la dama del lago dejó un peine de jade. Su sombra en el papel era de zorro de nueve colas.
En Jōshu, la música del biwa paró las moscas. El mercader huyó antes de que la seda del jorogumo tocara su tobillo.
En Tokio, la kuchisake-onna bajó la mascarilla y preguntó por segunda vez. La estudiante escapó con la tela rasgada en la mano.
En un suburbio japonés, un onryo subió del pozo arrastrando el cabello sobre el rostro. La casa amaneció con manos húmedas en cada puerta.
Una noche en Haití, un hombre vuelve de la tumba sin alma y con las manos cavando lo que nadie le pidió.
En Connemara, un caballo negro se detiene ante una casa y la cabeza sin cuerpo marca quién no verá el amanecer.
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