
Ficha del Archivo
- Nombre del caso: El callejón del infierno (la calle del Caserón; el paso de la capital al baile de los condenados).
- Clasificación: L031026-10.
- Lugar: Victoria de Durango, capital. Centro histórico y el tramo que lleva a la casa que de noche es fiesta y de día solar abandonado.
- Zona específica: Calles y callejones del primer cuadro. Pedro Núñez López, cronista que los escribió para Notigram, nombra el del Arco, el de Santa Ana hacia el Panteón de los Pobres y el del Rebote. La noche que se cuenta cruza media ciudad o un puente chico hasta la calle del Caserón.
- Fecha o periodo: Se cuenta en los albores del siglo XX, con la orquesta de Arturo Lugo, el director que cobraba caro en la capital. Los callejones coloniales los fija Notigram el 5 de octubre de 2019, citando a García Maquivar y a Guerrero Román, historiadores locales.
- Tipo de fenómeno: Leyenda.
- Fuentes principales: Blog Leyendas de Durango, 8 octubre 2023: la noche de Arturo Lugo y El Caserón. Pedro Núñez López, Notigram, 5 octubre 2019, callejones de la capital. El Siglo de Durango, 2025, la aparición del diablo en Cyclons, otra noche de la misma ciudad, no esta calle.
La calle del Caserón
Medianoche de invierno en la capital. Tocaron a la puerta de Arturo Lugo, director de orquesta, el que no tocaba en ranchería y cobraba como si Durango le debiera el certamen del norte. El que llamaba era alto, de negro, capa y sombrero. Dejó fecha, dirección y un costal. El costal era oro. Lugo, que conocía el cuento del hombre que de noche se lleva al pecador, abrió el saco y se quedó con la fecha.
El día acordado juntó a los músicos frente a su casa y los llevó a la dirección. Unos dicen que cruzaron media ciudad. Otros, que bastó un puente chico para dar con la calle del Caserón. Entraron a una residencia que no conocían, llena de gente fina que tampoco era de Durango, y tocaron como si esa fuera la sala que Lugo siempre había querido. En el descanso vio a su comadre. Hacía años que no la veía. Ella le dijo que se fuera: aquello era el baile de los que no habían ido al cielo, y si se quedaba iba a hacerles compañía en el infierno.
Al salir, los invitados ya no eran de gala. Se retorcían. El anfitrión, en la puerta, tenía una pata de caballo y la otra de cerdo, y se reía. A la mañana siguiente volvieron por el violín. En la misma dirección no había residencia: había una casa abandonada y el instrumento esperando. La orquesta, dicen, se vino abajo. El maestro acabó pobre. De la calle quedó el modo de nombrarla cuando alguien cuenta esa noche: el paso por el que Durango se entra al infierno.
Fuente del relato. El blog Leyendas de Durango lo publicó el 8 de octubre de 2023 como historia de la capital: Arturo Lugo, el director de orquesta; el forastero de negro; el puente o la media ciudad; El Caserón; la comadre y las patas del anfitrión. No hay partida ni entrevista con Lugo; es el cuento local que se cuenta así. Pedro Núñez López, en Notigram, fija los callejones reales del centro. Aquí se cuenta esa ida con más calma, sin un diálogo que el blog no escribió ni una placa que el nomenclátor no da.
«Tanto él cómo sus músicos, ya no requirieron de ninguna explicación. Supieron que habían llegado al mismísimo infierno.»
Leyendas de Durango, en La leyenda del Músico que le tocó al Diablo, 8 octubre 2023.

La leyenda
El callejón del infierno no es una placa de Toledo ni el de Guanajuato. Es el tramo de la capital duranguense que de noche lleva a una casa donde se baila como en sala rica y se cobra como en condena. El que manda es un hombre alto, de negro, capa y sombrero, que paga en oro y en la puerta muestra pata de caballo y pata de cerdo. La casa, de día, no sostiene la fiesta: queda el solar.
Lo que hace es contratar. Llama a medianoche, adelanta el pago, da una dirección que se alcanza cruzando la ciudad o un puente. Adentro hay banquete, desconocidos y alguien que el vivo sí conoce: un muerto de la familia o del comadrazgo que avisa. Si el vivo se queda, entra al baile. Si se va, deja el instrumento y a la mañana el caserón ya no es caserón.
Se le teme porque Durango tiene callejones estrechos —el de Santa Ana hacia el panteón, el del Rebote, el del Arco que ya no está— y porque el diablo de esta ciudad no necesita discoteca para hallarte: le basta una calle y un sobre de oro. Se lo cuentan al músico, al que cobra caro y al que cruza solo después de las doce.
Origen, adquisición o manifestación
Nadie se vuelve el anfitrión por receta. Se manifiesta como forastero que ya sabe el nombre del mejor de la ciudad y paga por adelantado. El infierno, en esta boca, se adquiere cruzando: media ciudad, un puente, la calle del Caserón. La urbanización se comió callejones —el del Arco, en 1963— y el cuento se quedó sin algunas piedras, no sin la casa que de día no está.
Prácticas de protección, control o defensa
La comadre lo dice sin misa: váyase. No hay escapulario en esta versión. Hay irse antes de que el baile cierre. Lugo volvió de día por el violín; de noche no regresó. El Siglo de Durango, en otra noche de la misma capital —Cyclons, la discoteca, un Viernes Santo de 1990—, recoge el Ave María que apaga las luces. Esa es otra sala. En este callejón el control es no aceptar el segundo trago y no volver a la dirección cuando ya anocheció.
Origen y contexto de la leyenda del callejón del infierno

Durango capital, de la colonia al siglo XX, cabe en pocas cuadras: Independencia, Zarco, Analco, la Acequia, Guadalupe. Pedro Núñez López, con García Maquivar y Guerrero Román, nombra callejones que se taparon o se hicieron peatonales. El del Arco desapareció bajo la plaza del IV Centenario. El de Santa Ana sigue, hacia donde estuvo el Panteón de los Pobres. El cuento del Caserón se pega a esa red: una calle que se camina y una casa que no se puede señalar de día.
La misma ciudad tiene otro infierno de gala: el diablo de Cyclons, que El Siglo ha vuelto a contar a los treinta y cinco años, con pata de gallo y pezuña, y la huida al Panteón de Oriente. Unos van a bailar a una discoteca. Otros cruzan un puente a tocar. El anfitrión se parece. El piso no.
Interpretaciones y explicaciones
a) Explicaciones racionales
- Una casa abandonada, de noche y con alcohol, se llena de gente que no se vuelve a ver: la resaca explica el solar de la mañana.
- Lugo cobra de más y rechaza ranchería; el cuento lo castiga con miseria, que es moraleja de gremio más que de teología.
- Los callejones del centro, mal alumbrados, bastan para que una dirección se vuelva otra al amanecer.
Limitaciones. Eso cubre el vino y la vanidad. No le quita al blog la pata de cerdo ni a Núñez los callejones que sí existieron. Quien hereda el relato no debate el certamen del norte: debate si la comadre estaba muerta.
b) Interpretaciones culturales
- El diablo que paga en oro y pide música es el patrón de la alta sociedad que Lugo quería: el infierno aprende el traje del cliente.
- Cruzar un puente o media ciudad para llegar es el umbral: Durango se parte entre el primer cuadro y lo que no se nombra de día.
- La comadre muerta que avisa es el parentesco que todavía vale en el otro lado; el extraño de negro no avisa, contrata.
Analogías
El baile de los condenados se cuenta en más de una capital: casa encendida, muertos conocidos, anfitrión con pata. El parentesco es la fiesta que no se puede gozar hasta el final. La diferencia de fondo es el trayecto duranguense: calle, puente, Caserón, violín al sol.
El Charro Negro también va de negro y también paga, pero se planta en el camino y no abre sala. La ánima sola cobra una vela en la puerta, no un son. Aquí nos quedamos con la calle que lleva al infierno y con la casa que de mañana ya no está.
Testimonios y registros
Se transmite en el blog local, en la crónica de los callejones y, por el lado, en la prensa de Cyclons. Los patrones que se repiten, cuando el cuento todavía es de calle y no de discoteca, son estos:
- Un forastero de negro llama a medianoche, deja oro y una dirección.
- Se cruza media ciudad o un puente para llegar a un caserón que de noche es fiesta.
- Alguien conocido, ya muerto, avisa que aquello es el baile de los condenados.
- De día la residencia es solar o casa abandonada; queda un instrumento o no queda nada.
Conclusión CDM
- Qué se sabe: Durango capital tuvo callejones coloniales documentados y un cuento local de Arturo Lugo, el director de orquesta: lo llevaron a un Caserón que era el infierno y a la mañana la casa no estaba. El blog de 2023 lo escribe entero. Notigram nombra las calles.
- Qué no puede comprobarse: que Lugo haya tocado ante el diablo; que el Caserón tenga número; que el callejón lleve esa placa en el nomenclátor.
Lo que queda es una dirección que de día no sostiene la fiesta y unos callejones que la ciudad tapó o dejó peatonales. Quien cruza solo después de las doce ya sabe a qué huele: el infierno, en Durango, se camina.
Registro adicional
L031026-10 · Durango · Arturo Lugo · El Caserón · Pedro Núñez López · Callejón de Santa Ana · Charro Negro · Ánima sola
Fin del archivo – La Calle del Miedo
Registro Digital CDM
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