El nahual de la Costa Chica: una leyenda de Guerrero | 091026

El nahual de la Costa Chica, de noche

Ficha del Archivo

  • Nombre del caso: El nahual de la Costa Chica (tono, doble, animal; pueblos negros de Cuajinicuilapa y la costa).
  • Clasificación: L031026-12.
  • Lugar: Costa Chica de Guerrero, con centro en Cuajinicuilapa. La etnografía de Natalia Gabayet, antropóloga que trabajó esa costa, corre de Río Grande, Oaxaca, hasta Cuajinicuilapa.
  • Zona específica: Casa del recién nacido, encrucijada, cama de ceniza, monte. Manadas de animales —tigre, onza-león, lagarto— y el curandero que las lee.
  • Fecha o periodo: Se cuenta como saber de siempre. Gabayet entrevistó en Cuajinicuilapa en 1999 y 2003. Gonzalo Aguirre Beltrán, el antropólogo que estudió a los pueblos negros de esa costa, publicó Cuijla en 1958. Hilario Añorve Zapata, cronista de Cuajinicuilapa, escribió la adjudicación del animal en 2010.
  • Tipo de fenómeno: Leyenda.
  • Fuentes principales: Natalia Gabayet, Iberoforum, 2020, y Nueva Antropología (INAH): don Caritino Bacho, Corcuera, Añorve. Gonzalo Aguirre Beltrán, Cuijla, 1958. Hilario Añorve Zapata, cronista de Cuajinicuilapa, 2010.

La encrucijada antes del bautizo

En Cuajinicuilapa el recién nacido está tierno mientras no lo llevan a la iglesia. Esa noche no hay fiesta en la sala. Hay parientes que esperan a que la madre se duerma. Sacan al niño, lo llevan al cruce de dos caminos, lo acuestan sobre ceniza y se meten entre los arbustos. No es rito de calendario. Es el trámite de hacerlo de los otros, de los que tienen doble.

Pasan las bestias. Tigre, lagarto, toro: las que el monte tiene. Pasan encima sin hacerle daño hasta que una se detiene, lo lame, lo acaricia. Esa queda. En la ceniza, si hay que leerla al día siguiente, queda la mano del tigre o la cola del lagarto. Hilario Añorve Zapata, el cronista del pueblo, lo escribió sin ponerle nombre al bebé: lo devuelven a la casa ya convertido en otro, marcado, y solo los que también son animal van a saberlo.

Adentro, la madre puede hallar después la rejoya bajo la cama: el círculo que un bicho hace al dormir. El curandero, si el niño enferma de monte, no pregunta primero por microbio. Pregunta por el animal. Don Caritino Bacho, de Cuajinicuilapa, lo dijo el 6 de noviembre de 2003 sin teatro: tiene su doble, tiene su animal. Esa noche no se cierra con un milagro en la plaza. Se cierra con un cuerpo que ya es dos, y con el pueblo que lo va a señalar a sus espaldas.


Fuente del relato. Natalia Gabayet, antropóloga, lo armó con veinticinco años de costa, de Río Grande a Cuajinicuilapa, y lo publicó en 2020. Don Caritino Bacho, vecino de Cuajinicuilapa, habló el 6 de noviembre de 2003. Gonzalo Aguirre Beltrán describió la encrucijada en Cuijla, su libro de 1958 sobre ese pueblo negro. Hilario Añorve Zapata, cronista del pueblo, escribió la adjudicación. No hay bebé con partida en esas páginas; es el trámite que se cuenta así. Aquí se cuenta esa noche con más calma, sin un nombre de niño ni un final de cacería que ellos no dejaron.

«tengo mi doble, tengo mi animal»

Don Caritino Bacho, Cuajinicuilapa, 6 noviembre 2003, en Natalia Gabayet, El ritual sutil de conversión al nahualismo de los pueblos negros de la Costa Chica, Iberoforum 29, 2020.
El nahual de la Costa Chica de frente en la encrucijada, de noche
El hombre-coyote mira de frente sobre la cama de ceniza del cruce.

La leyenda

El nahual de la Costa Chica no es solo el hombre que se pone piel de coyote para asustar. Es el compañero animal de la persona —tono, tonal, doble— que vive en el monte, en manada, con jerarquía de capataz y de guerra, y cuya herida o captura se siente en el cuerpo humano como enfermedad de monte. Los prestigiosos son tigre, onza-león, lagarto. El curandero es de los que conocen al suyo y pueden ir a rescatarlo.

Lo que hace es ligar destinos. Si agarran al animal, el de la casa se enferma. Si el de la casa se va de migrante, el tono se puede quedar. Corcuera, a quien Gabayet entrevistó en 1999, lo dijo así: la gente se va, pero su tono se queda aquí. El nahual come, pelea, se pierde; el curandero lee los síntomas como viaje del bicho y cura al animal para curar al enfermo. También se teme al que «es tigre» de verdad: el que daña, el que amarra el animal del otro.

Se le teme porque en Cuajinicuilapa el nahualismo no es disfraz de Día de Muertos. Es composición de persona: alma cristiana, sombra y, en algunos, el animal. Se lo cuentan a espaldas, con respeto y con miedo. El que no es tono no entra a las faenas ocultas. El que sí lo es ya no es como los de la mayoría.

Origen, adquisición o manifestación

Se adquiere de niño, antes del bautizo, en la encrucijada o en la ceniza de la casa, cuando un animal lame o deja huella. Aguirre Beltrán y Añorve coinciden en el cruce de caminos. A veces basta que alguien cargue al recién nacido de forma rara, o que la madre halle la rejoya. Don Bacho describió otra prueba para conocer al propio: en las encrucijadas pasan el diablo a caballo, las culebras, y el último que pasa es el nahual. No es ungüento de feria. Es saliva, huella y manada.

Prácticas de protección, control o defensa

El bautizo, en esta costa, cierra la ternura del niño: después ya no es tan fácil convertirlo. La limpia y el curandero nahual de la misma especie rescatan al animal preso. No señalar de frente, no pelear el tono del otro, no dejar al bebé solo en la cama si se teme a los parientes que saben el trámite. Gabayet lo escribe como ritual sutil: no hay fiesta, hay gesto, y el rumor hace el resto.

Origen y contexto de la leyenda del nahual de la Costa Chica

Cruce de caminos de tierra en la Costa Chica de Guerrero, con monte bajo, casas de pueblo y cielo de costa.
Cuajinicuilapa y la Costa Chica de Guerrero, hacia el cruce de caminos.

Los pueblos negros de la Costa Chica llegaron a las haciendas ganaderas en el siglo XVII y tomaron el nahualismo de mixtecos, amuzgos, nahuas y chatinos, a su modo. Cuajinicuilapa —Cuijla, en el libro de Aguirre Beltrán— es pueblo negro de Guerrero. El ganado, el Diablo Mayor de la danza, la Minga y las manadas de tonales se parecen en el trabajo de cuidar y de predar. No es el nahual de postal del centro del país.

Gabayet, Kaplan, Añorve y el INAH lo han escrito como etnografía, no como cuento de fogata. Aquí no se abre Texcoco ni Amecameca. Se queda en la costa: encrucijada, ceniza, enfermedad de monte, don Bacho. El nahual genérico del sitio es otro lema. Este es el doble de Cuajinicuilapa.

Interpretaciones y explicaciones

a) Explicaciones racionales

  • Una huella de animal junto a una casa de piso de tierra se lee como destino cuando el pueblo ya espera el tono.
  • La enfermedad que el médico no nombra se ordena como viaje del animal: el relato cura porque le da secuencia al síntoma.
  • El rumor de quién «es tigre» regula envidia, respeto y miedo en un pueblo chico, sin que haga falta la transformación.

Limitaciones. Eso cubre la huella y el diagnóstico. No le quita a Bacho el «tengo mi animal» ni a Añorve el niño devuelto ya siendo otro. Quien hereda el relato no debate la hacienda del XVII: debate si el último que pasó por la encrucijada era el suyo.

b) Interpretaciones culturales

  • El bautizo y la encrucijada se disputan al recién nacido: dos maneras de entender a la persona sobre un solo cuerpo.
  • La manada de nahuales copia la vaquería y la danza de diablos: hay capataz, hay cría, hay depredación.
  • Decir «mi doble» es título de pertenencia, no metáfora de psicólogo: dos cuerpos, un destino.

Analogías

El tonalismo mesoamericano —el animal que nace con uno— se parece. El parentesco es compartir esencia. La diferencia de fondo es afromestiza: la Costa Chica lo tomó y lo armó con ganado, diablo de danza y enfermedad de monte, no con el Tezcatlipoca de los volcanes.

El nahual de otras regiones cambia de piel o tiene doble; aquí se cuenta el trámite concreto del cruce de caminos. El familiar europeo es pacto y diablo de libro. Don Bacho no firma pacto: nombra al animal que ya es él.

Testimonios y registros

Se transmite en la casa, en el monte y en la etnografía. Los patrones que se repiten, cuando el cuento todavía es de conversión y no de disfraz, son estos:

  • Antes del bautizo sacan al recién nacido a la encrucijada; un animal lo lame y queda como tono.
  • En la ceniza o bajo la cama aparece la huella o la rejoya.
  • El enfermo de monte se cura cuando el curandero nahual encuentra o suelta al animal.
  • Se dice «es tigre», «tengo mi doble»; el migrante se va y el tono se puede quedar.

Conclusión CDM

  • Qué se sabe: En Cuajinicuilapa y la Costa Chica el nahualismo es saber vivo: encrucijada, ceniza, manada, enfermedad de monte. Gabayet, Aguirre Beltrán y Añorve lo escribieron. Don Bacho se nombró con doble.
  • Qué no puede comprobarse: que el animal y la persona mueran siempre a la vez; que el diablo a caballo de la prueba pase de veras; que todo enfermo de monte tenga tigre.

Lo que queda es el cruce de caminos y una cama de ceniza. Quien devuelve al niño a la casa ya sabe que no lo devuelve igual. El pueblo lo va a decir a sus espaldas, y eso basta.

Registro adicional

L031026-12 · Guerrero · Cuajinicuilapa · Costa Chica · Natalia Gabayet · Caritino Bacho · Hilario Añorve · Gonzalo Aguirre Beltrán · Nahual

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