La Xtabay: Una Leyenda de Yucatán | L031026-31

La Xtabay, de noche

Ficha del Archivo

  • Nombre del caso: La Xtabay (la de la ceiba y el peine).
  • Clasificación: L031026-31.
  • Lugar: Yucatán. Se cuenta un camino de pueblo a la luz de la luna, bajo una ceiba. La misma figura se oye de Chiapas a Belice.
  • Zona específica: La ceiba (ya’ax che’) al borde del camino o de la milpa. Noche. Hombre solo, a veces que vuelve de fiesta o que va tomado.
  • Fecha o periodo: Tradición maya viva. Antonio Mediz Bolio la fijó en prosa en La tierra del faisán y del venado. Roldán Peniche Barrera la puso en su mitología maya. Las antropólogas Cecilia y Georgina Rosado han leído las versiones enfrentadas.
  • Tipo de fenómeno: Leyenda.
  • Fuentes principales: Antonio Mediz Bolio, La tierra del faisán y del venado. Roldán Peniche Barrera, mitología maya. Cecilia Rosado Avilés, UADY. Elisa Ramírez, Arqueología Mexicana. Pie de Página, 29 marzo 2019.

El peine bajo la ceiba

Cuando el que vuelve por el camino salió aquella noche bajo la luna de Yucatán, no iba a buscar a una mujer de árbol. Iba a llegar. El pueblo queda atrás, con perro y con radio apagado. Adelante, la vereda de tierra, el olor a monte, y una ceiba que el día usa de sombra y la noche de hito. El viento de oriente, en la prosa de Mediz Bolio, le pasa al mancebo por la cara. Este no trae nombre. Trae años de poder amar y de no saber atar los pies. Conocía el tramo. Lo camina quien sale de fiesta, quien va a ver a alguien, quien no debió ir solo.

La vio al pie del tronco, vestida de blanco, el cabello negro tan largo que las manos no le bastaban. Se peinaba. En unas bocas el peine es hoja de ramón; en otras, un trozo de tzacam erizado de púas. El gesto es el mismo: alisar, mirar al camino, no huir. Los pies, dice Mediz, como dos pájaros chicos junto al suelo. Ella sonrió. No dijo un nombre. Le hizo seña de que fuera. El hombre sintió lo que el poeta ya había escrito para todos los que la ven: no miedo primero, sino una alegría que no le corresponde al monte a esa hora. Dio un paso. Ella se adelantó, se le apagó detrás del tronco, y volvió a estar un poco más allá, peinándose otra vez, como si el camino fuera su tocador.

No la siguió al monte. Otros, en el cuento, sí: y de esos no volvió nadie. Este se detuvo junto a la ceiba, se frotó los ojos, y cuando ella se ofreció de nuevo eligió el pueblo. El peine siguió sonando un rato, como peineta en pelo seco. Esa noche se acaba en el hito del árbol: un blanco, una cabellera, un hombre que no da el segundo paso. Al día el pueblo no discute el árbol. Le dice Xtabay. El origen de las dos mujeres, la pecadora y la virtuosa, no se cuenta en esa vereda. Se cuenta después, cuando ya se está en casa.


Fuente del relato. Esto no lo inventamos. Antonio Mediz Bolio, poeta y político merideño, en La tierra del faisán y del venado pone al hombre solo ante la que se peina y se escapa como humo. Roldán Peniche Barrera, mitógrafo yucateco, la tiene por demonio femenino que engaña al joven y lo lleva a la muerte. Elisa Ramírez, en Arqueología Mexicana, oye a mayas de ahora: vive en las ceibas, pierde en el monte, luna, huipil o blanco, cabello largo. Lo que sigue es esa noche bajo el árbol. Mediz Bolio no le puso nombre de pila al que vuelve, y el camino tampoco se lo da. La historia de Xkeban y Utz-Colel va en la leyenda, no en la vereda.

«Desventurado de ti si en el camino has de encontrar a aquella que escapará como humo y a quien tú seguirás como el viento, aquella que cuando te haga su cautivo te parecerá que sale del tronco de la ceiba y no sale sino del fondo de tu propio corazón.»

Antonio Mediz Bolio, La tierra del faisán y del venado, p. 113, cit. en Cecilia Rosado Avilés, UADY — Yucatán: Identidad y Cultura Maya.
La Xtabay de frente al pie de la ceiba, de noche
La Xtabay mira de frente junto al tronco, con el cabello de liana.

La leyenda

La Xtabay es una mujer de noche, de blanco o de huipil, cabellera larga, que aguarda junto a la ceiba peinándose hasta que pasa un hombre. Lo llama con los ojos y con la mano. Se adelanta. Se apaga. Vuelve a ofrecérsele. Quien la sigue no regresa: el monte, el cenote, el cactus, el frenesí que las bocas llaman amor infernal. Mediz Bolio la escribe como el deseo hecho cuerpo: parece salir del tronco y sale del corazón. Peniche Barrera la pone en la lista del mal viento. El cuerpo que se ve es el peine y el árbol, no un retrato de registro civil.

Se aparece en camino, en milpa, en la cerca, sobre una piedra, a la luz de la luna. Prefiere al que va solo, al que vuelve de fiesta, al que ya trae el olor de la vainilla en la cabeza. Se le teme porque lo que se pierde es el hombre entero, no un objeto. El aviso es la ceiba de noche y el peinado que no debería estar ahí, a esa hora, con esa calma.

El origen que el pueblo pone, cuando ya no está en la vereda, es el de dos mujeres: Xkeban, la pecadora de buen corazón, que muere y huele a flor de xtabentún; Utz-Colel, la virtuosa de corazón duro, que muere y apesta, se vuelve tzacam y pide volver para enamorar con amor nefasto. Esa es la Xtabay en la versión de las dos éticas. Hay bocas que la ligan a Ixtab, la de los ahorcados. Hay mayas, como Feliciano Sánchez Chan, que niegan que la ceiba sagrada sea su madre. El relato de la noche no resuelve esa pelea. La deja para el origen.

Origen, adquisición o manifestación

Xkeban y Utz-Colel no se vuelven Xtabay en un taller. Mueren. Una se vuelve flor dulce; la otra, cactus sin perfume, y de esa envidia —dice la versión que las antropólogas Rosado leen como choque de éticas maya y cristiana— Utz-Colel vuelve al camino a peinarse bajo la ceiba. Mediz Bolio, en cambio, no necesita esas dos tumbas: la Xtabay le nace al mancebo de adentro. Peniche Barrera no cuenta el parto; cuenta el daño. Ixtab, diosa de los que se cuelgan, es otra capa, más vieja, que se anota y no se mezcla en la vereda. No hay ungüento. Hay un árbol, un peine, y dos maneras de nacer: del corazón o de la flor mala.

Prácticas de protección, control o defensa

Lo que sí se usa es no seguirla. El de esta noche se detuvo. Quien va tomado, en la boca maya de ahora, es el primero que debe irse a casa por otro lado. No se le responde a la seña. No se entra al monte detrás del blanco. Hay ensalmos contra el mal viento que deja al pasar; eso es de curandero, no de receta para el camino. La ceiba, para muchos, se respeta de día y se evita de noche si uno va solo. Quien se peina con el «peine de la Xtabay» —el fruto de un bejuco que venden en Acanceh— está en otro trabajo, el del cabello, no el de la vereda.

Origen y contexto de la leyenda de la Xtabay

Ceiba a la orilla de un camino de Yucatán
Yucatán. La ceiba es eje del mundo: trece cielos arriba, nueve pisos abajo; de noche el camino que pasa a su lado no es atajo.

Yucatán tiene la ceiba por eje del mundo: trece cielos arriba, nueve pisos abajo. Pegarle una mujer que pierde hombres es, para unos, pedagogía de camino; para otros, una ofensa colonial al árbol. Antonio Mediz Bolio, merideño nacido en 1884, escribió una Xtabay de mancebo y de deseo que el Ateneo podía leer sin salir de la prosa. Roldán Peniche Barrera la clasificó entre los seres que engañan. Las Rosado leyeron en las dos mujeres el choque de una ética del corazón y una ética de la virtud de cuerpo.

La versión viva, la que Elisa Ramírez oye, es la de la ceiba y el monte, luna y cabello, sin necesidad de nombrar a Utz-Colel en la esquina. Acanceh vende el fruto-peine a turistas. Eso no es esta noche. Esta noche es el hombre que la ve peinarse y elige no irse con ella.

Interpretaciones y explicaciones

a) Explicaciones racionales

  • Una mujer de carne, de blanco, junto a un árbol a deshora, basta para que el que vuelve de fiesta le ponga el nombre que el pueblo ya tiene.
  • El alcohol, la luna y el deseo organizan la persecución: se sigue lo que se quiere ver, y el monte traga al que se desvía.
  • Mediz Bolio lo dice de frente: no sale del tronco, sale del corazón. Esa es ya una lectura racional, puesta en verso de leyenda.

Limitaciones. Eso explica el mancebo, el trago y el poeta. No le quita a las bocas mayas el peine de tzacam, ni a los que no volvieron, ni a la ceiba el hito que de noche se carga de mujer. Quien hereda el relato no debate si 1934 es un año de libro. Debate el cabello que se alisa bajo el árbol.

b) Interpretaciones culturales

  • El mito pone el deseo en un árbol sagrado: o el hombre se gobierna, o el monte se lo queda.
  • Xkeban y Utz-Colel enseñan que la virtud sin corazón apesta, y que el amor con lástima florece: una ética maya contra una ética de fachada.
  • Sirve de aviso al que anda solo y tomado: la ceiba de noche no es atajo.

Analogías

La sirena europea llama desde el agua; la Xtabay llama desde el árbol. La ciguapa dominicana tiene los pies al revés y huye al monte: se parecen en el hombre que sigue y no vuelve. Ixtab, la de la soga, es pariente de nombre y de ahorcado, no de peine. No se funden.

La Llorona llora hijos y agua. La Xtabay no llora: se peina. El alux es dueño chico de milpa, no mujer de ceiba. Quien las junta en una sola «mujer maya de blanco» pierde lo que hace cada una.

Testimonios y registros

Se transmite de boca maya, en Mediz Bolio, en Peniche Barrera, en Ramírez, en las Rosado. Los patrones que se repiten, cuando el cuento todavía es de encuentro y no de las dos tumbas, son estos:

  • Es noche de luna, en un camino de Yucatán, con una ceiba al borde.
  • Mujer de blanco o de huipil, cabello largo, peinándose, que sonríe y se adelanta.
  • Parece salir del tronco. Se apaga y vuelve a ofrecerse más allá.
  • Quien la sigue no regresa. Quien se detiene llega a casa y al día siguiente dice el nombre.

Conclusión CDM

  • Qué se sabe: en Yucatán se cuenta una mujer que de noche se peina bajo la ceiba y pierde al que la sigue. Mediz Bolio lo escribió: se escapa como humo y no sale del tronco sino del corazón. Peniche Barrera la tiene por demonio de jóvenes. El origen de Xkeban y Utz-Colel es de la leyenda, no de la vereda.
  • Qué no puede comprobarse: que la de blanco no sea una viva; que Utz-Colel vuelva del tzacam; que de la ceiba salga un cuerpo. No hay un atestado de camino. Hay un peine y un árbol.

Lo que queda es la ceiba. Un cabello que se alisa, una seña, y la decisión de no dar el segundo paso. Quien llega al pueblo sin seguirla ya entendió cómo se porta: la Xtabay no siempre mata en esa vereda. A veces solo se peina, y basta con no irse con ella.

Registro adicional

La Xtabay · Mediz Bolio · La tierra del faisán y del venado · Roldán Peniche Barrera · Xkeban · Utz-Colel · ceiba · Yucatán · L031026-31

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