La leyenda de La Carreta Sin Bueyes | L170626
En Cartago, una carreta enorme cruzó la curva sin bueyes, con ruedas que dejaban huella de fuego frío en el barro.
En Cartago, una carreta enorme cruzó la curva sin bueyes, con ruedas que dejaban huella de fuego frío en el barro.
En Puntarenas, un pescador nocturno vio surgir entre los juncos a La Tulevieja con uñas de raíz mojada.
En Guanacaste, un vaquero bajó al remanso tras una mujer que cantaba; su reflejo mostró dientes de pez y ojos sin párpado.
En Canóvanas, 1995, una figura de ojos rojos saltó el alambre y dejó cabras con dos agujeros en el cuello.
En Yucatán, risas pequeñas y piedras en el techo; al amanecer el milpero estaba cerrado con enredaderas vivas.
En Hidalgo, un caballo negro sin sombra llevó al muchacho; al saltar encontró monedas quemadas en el bolsillo.
En Puebla, huellas de jaguar y hombre se superpusieron en el patio; un gruñido pronunció el nombre de la curandera.
En un camino de Guatemala, un cadejo negro bloqueó el paso y un blanco esperó más lejos para decidir si el borracho llegaba a casa.
De noche junto al río, oyó el llanto de La Llorona antes de ver el vestido. No se acercó. Quedaron huellas húmedas.
En Ocoyoacac, un fraile cruzó el puente contra el sentido; al pasar, el asiento trasero quedó mojado como de río.
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