El Masalai | L070726
En Goroka, el perro del jefe habló con voz de hombre. Al amanecer, huellas humanas salían del techo de la casa de reuniones.
En Goroka, el perro del jefe habló con voz de hombre. Al amanecer, huellas humanas salían del techo de la casa de reuniones.
Al atardecer en las Salomón, el adaro surge del mar y el pescador deja ofrenda para remar a salvo.
Junto al hielo ártico, un niño oye cantar a la qalupalik bajo la grieta y la madre canta para tapar la voz.
En la sierra dominicana, con el perro mudo, una sombra montada cruzó la luna sobre el techo de zinc.
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