El Ifrit | L090726
Entre ruinas romanas del Magreb, una voz de brasas ordenó salir. Al amanecer, una losa llevaba la huella quemada del ifrit.
Desde los zombis haitianos de raíz congoleña hasta los espíritus de la sabana. El folclore africano: brujería, posesiones y criaturas que acechan en la noche del desierto.

Entre ruinas romanas del Magreb, una voz de brasas ordenó salir. Al amanecer, una losa llevaba la huella quemada del ifrit.
En Kairuán, una cabra se alzó sobre dos patas al atardecer. El boussa golpeó el redil toda la noche sin romper el cerrojo.
En Durban, algo caminó al nivel de la cama. Al amanecer, el cubo de agua tenía un pelo largo y el aire olía a tikoloshe.
En Richtersveld, algo arrastró la cuerda hacia la cueva. Solo uno salió; la linterna y el grootslang se quedaron abajo.
Sobre el Umgeni, un tornado de agua mostró cabeza de caballo y aletas. El inkanyamba dejó peces muertos al amanecer.
En el Kalahari, una figura caminó de lado al borde del fuego. Al amanecer, las huellas formaban un semicírculo sin salida.
En el Mzintlava, el mamlambo ofreció oro a cambio de un sacrificio. Al amanecer, el perro había desaparecido.
En Tanzania, Sungura llamó al niño desde la niebla con huella de mano. La apuesta de la liebre tramposa duró toda la noche.
En Lombardía, el rompo comió en el huerto con dientes de cuatro animales. Al amanecer, las huellas no cuadraban con ninguna especie.
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