La leyenda de la llorona | mx 04-04-26 | l040426
De noche junto al río, oyó el llanto de La Llorona antes de ver el vestido. No se acercó. Quedaron huellas húmedas.
Desde los Skinwalkers navajos hasta el Wendigo canadiense. Documentación del patrimonio de terror del norte: cambiaformas, caníbales espirituales y bestias que habitan las vastas extensiones salvajes.

De noche junto al río, oyó el llanto de La Llorona antes de ver el vestido. No se acercó. Quedaron huellas húmedas.
En Ocoyoacac, un fraile cruzó el puente contra el sentido; al pasar, el asiento trasero quedó mojado como de río.
Un hombre rentó la 903 de Francisco Juárez, en Celaya. De noche una niña se le aparecía, le azotaba las puertas y le gritaba que se fuera de su casa.
En la México-Toluca, el GPS reinició y una niña de blanco caminó en el arcén a la velocidad del auto.
Al borde del cenote, copal y trueno abrieron la lluvia sobre el milpero: Chac respondió cuando el pozo pidió respeto. En las Siete Luminarias se cuenta todavía.
Algo se desprendió del acantilado y cayó sobre la traza. No era piedra: un cuerpo pequeño, pelo negro, antebrazos largos. Lo sujetaron. Le pusieron Jacko.
En el muelle de Córdoba, la mulata acusada se alejó en barca sin remos mientras el mar se calmaba de forma imposible.
Tras la función, en el teatro del Capi Oviedo, los títeres giraron la cabeza al unísono sin piolero en la sombra.
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