La leyenda de La Kuntilanak | L290626
En Java, una mujer de blanco en la cuneta dejó perfume de plumeria y un llanto de bebé en el asiento vacío.
Explorando historias de terror, leyendas y fenómenos inexplicables
En Java, una mujer de blanco en la cuneta dejó perfume de plumeria y un llanto de bebé en el asiento vacío.
Junto al ghát, una mujer cantó con voz hipnótica; un grito desde la orilla rompió el hechizo de la mohini.
En Kalimantan, llanto de bebé y risa rota salieron del bananal; un vestido blanco manchado se movió entre los troncos.
En la carretera de Navajo Mountain, algo como coyote corrió erguido en dos patas bajo el polvo rojo.
En los llanos venezolanos, un silbido distorsionó el joropo; una figura esquelética con saco de huesos cruzó la sabana.
En Cartago el caballo se negó a avanzar. La mujer hermosa alzó el rostro: cabeza de yegua. Así se cuenta la Segua, o Cegua, en Costa Rica y Nicaragua.
En Notre-Dame, bajo la lluvia, una gárgola giró la cabeza de piedra hacia la nave como si buscara algo dentro.
En Connemara, un aro de hongos brilló; voces pequeñas cantaron nombres que la pareja nunca dijo en voz alta.
En el Rin, el canto del Loreley hizo soltar el timón; solo la cera en los oídos salvó al barco de la roca.
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