La leyenda de Krampus | L240626
En un pueblo alpino, Krampus respiró bajo la cama de un niño desobediente; al amanecer quedó carbón en los zapatos.
En un pueblo alpino, Krampus respiró bajo la cama de un niño desobediente; al amanecer quedó carbón en los zapatos.
En los Pirineos, bajo luna llena, un pastor despertó junto al redil con lana en las uñas y sangre en los dientes.
Tormod pastoreaba en el seter cuando ella salió del bosque: hermosa de frente, hueca de espalda. En Noruega esa mujer se llama huldra.
En Småland, una figura pálida se sentó sobre el dormido y el pecho dejó de moverse hasta que un grito la espantó.
En Jutlandia, un niño puso sal en las gachas del nisse; a las tres de la mañana el granero sonó como una tormenta.
En un fiordo noruego, una cabeza rocosa surgió bajo el puente y exigió tres preguntas antes de dejar pasar a la viajera.
En Islandia, el antiguo dueño muerto empujó la puerta del granero; solo el sol y el perro lo detuvieron.
En Eslovenia, un krsnik enfrentó en el prado a una bestia de ojos humanos que olía a cementerio.
En Serbia, un hombre pálido firmó en el concejo; la pluma sangró y reveló uñas azules de vukodlak.
En Moravia, manos invisibles peinaron al herrero mientras una mujer de ojos blancos se sentó sobre su pecho.
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