El Ghoul | L100726
En la ruta del desierto el camello se negó a avanzar. Entre las dunas, algo comía en la tumba con el rostro de un muerto conocido.
En la ruta del desierto el camello se negó a avanzar. Entre las dunas, algo comía en la tumba con el rostro de un muerto conocido.
En el valle del Jordán, una voz desde la sombra pidió no abrir el tejado. Afuera, algo raspaba la losa hasta el amanecer.
En una boda del Deccan, un pariente tardío comió solo carne. Su sombra mostró cuernos antes de desaparecer con olor a rakshasa.
Entre ruinas romanas del Magreb, una voz de brasas ordenó salir. Al amanecer, una losa llevaba la huella quemada del ifrit.
En Guanajuato, un charro de sombrero enorme invitó a paseo; el sombrero creció hasta tapar la luna y el caballo no hizo ruido.
El coleccionista rompió el sello de cera de un libro con dragón rojo. Leyó un nombre infernal y cerró Le Grand Grimoire de golpe.
Josué Velázquez llamó en vivo a la radio: criatura en el bosque, mordida, brazalete imposible. La Mano Peluda no soltó del todo.
El joven firmó el contrato riendo. La pluma humeó. Ganó lo que pidió. El pacto satánico cobró después en otra moneda.
El pueblo desenterró al muerto acusado de morder ganado. El cuerpo parecía demasiado fresco. Así se explicaba el vampirismo.
En la leyenda, Salomón recibió un anillo que dominaba espíritus. Los demonios obedecían o quedaban sellados.
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