La rodilla del diablo: una leyenda de Celaya | L100926-2

La rodilla del diablo, de noche

Ficha del Archivo

  • Nombre del caso: La rodilla del diablo (la piedra de la calle del Refugio).
  • Clasificación: L100926-2.
  • Lugar: Celaya, Guanajuato. Centro.
  • Zona específica: Calle del Refugio, luego Tepetate, hoy Aztecas, hacia Obregón. La piedra laja con el hueco de una rodilla.
  • Fecha o periodo: Indeterminado, de obras coloniales o de reconstrucción. De la calle Aztecas se quitó hacia 1960; la piedra todavía existe.
  • Tipo de fenómeno: Leyenda.
  • Fuentes principales: Abigail Carreño de Maldonado, Imagen de Celaya, 3.ª ed., pp. 212-213, citada por Ángeles Ramírez en Periódico Correo, 12 julio 2024. Compilación local Leyendas de Celaya (Anton Ruiz). Enfoque Bajío, 31 octubre 2025.

Cuando le aventaron el escapulario

El muchacho llegó a la obra porque necesitaba el jornal. Casi un niño, bien desarrollado. En la calle del Refugio —después Tepetate, hoy Aztecas— el capataz no perdía la mañana eligiendo peones: había una piedra laja con un hueco que embonaba una rodilla de hombre y, a cierta distancia, dos hoyos para el índice y el pulgar. Quien daba la medida, quedaba. El muchacho hincó, metió los dedos, empezó a trabajar.

No rendía como un adulto. El capataz bebía pulque y aguardiente; el consejo de cómo medir, decía la gente, se lo había dado un capitán de capa dragona, el rostro cubierto por el paño negro, y eso le dejaba más horas para el vicio. Un día, borracho, le descargó la ira en la espalda y en la cara del joven: le destrozó la nariz, lo dejó casi lisiado del brazo izquierdo. Cuando el muchacho ya desfallecía, los compañeros le detuvieron el brazo.

Vieron un rostro desfigurado, con espuma en la boca. Uno le aventó el escapulario que traía puesto. Al tocar el cuerpo, el golpeador ya no era el de la obra: era el capitán de la capa dragona. El roce del escapulario lo echó a correr hacia el norte de la ciudad. Los de la cuadrilla se ocuparon del joven. Entonces vieron al capataz de verdad, dormido, perdido de tanto beber, sin haberse enterado de que algo lo había suplido. El sacerdote de la obra lo dio de baja. Bendijo la piedra y no la mandó quitar.

Fuente del relato

Esto no lo inventamos. Abigail Carreño de Maldonado, cronista de Celaya, lo recogió en Imagen de Celaya, tercera edición, páginas 212-213. Ángeles Ramírez lo reproduce en Periódico Correo el 12 de julio de 2024. Es escena-tipo de obra: no hay nombre del muchacho ni del peón del escapulario. Aquí contamos esa pasada con más calma. No le pusimos un diálogo ni un final que ella no dejó.

«Uno de los trabajadores le aventó un escapulario, que al tocar el cuerpo del malvado golpeador vieron que no era otra cosa que el capitán de la capa dragona, que al recibir el roce del escapulario inmediatamente se echó a correr, perdiéndose por el lado norte de la ciudad. […] Fue hasta entonces que vieron al capataz dormido, perdido de tanto embriagarse y que ni cuenta se dio que el demonio lo había suplantado.»

Abigail Carreño de Maldonado, Imagen de Celaya, 3.ª ed., pp. 212-213, en Periódico Correo — ¿Conoces las leyendas de Celaya?, 12 julio 2024. Nota de Ángeles Ramírez.
Templo del Carmen visto desde la calle Madero, Celaya, cerca de Aztecas y Obregón
El Carmen desde Francisco I. Madero, rumbo a Álvaro Obregón y la calle Aztecas. Foto: Juan Carlos Fonseca Mata, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

La leyenda

La rodilla del diablo es, primero, una piedra: una laja empotrada en el empedrado, con un hueco del tamaño de una rodilla de hombre y, a un tramo, dos oquedades para los dedos. Un vecino que la conoció en 1944 dijo que no estaba en la esquina de Obregón sino hacia la mitad de la calle, a unos sesenta centímetros de alto, fácil de hincar. El ente que se le pega es un hombre de capa dragona negra, el rostro tapado, que se aparece en la obra como capitán y se mete en el capataz cuando hay paliza. Le sale espuma por la boca. Al roce del escapulario huye hacia el norte. No deja cuernos; deja la rodilla marcada en la piedra.

Sirve para medir. Quien cabe en la piedra y en los hoyos entra a la cuadrilla; quien no cabe, no entra. El consejo del capitán le ahorra al capataz el trabajo de elegir y le deja el vicio. Cuando un muchacho da la talla y no rinde, la ira del borracho y la del otro se juntan en un solo cuerpo. El escapulario los separa. Después queda la piedra. Los niños de Aztecas, ya en el siglo XX, iban a medir su valor hincando la rodilla y metiendo los dedos. La gente evitaba el tramo porque no dejaba de sentir el escalofrío de que esa laja la había puesto el demonio. Hacia 1960, al lotificar, la sacaron de la calle. En Aztecas se colocó una imagen del Sagrado Corazón. La piedra no se destruyó: todavía existe.

Se le teme porque la marca sigue siendo de cuerpo: una rodilla cabe o no cabe. Se lo cuentan a quien pasa por Aztecas y a los niños a los que se les pedía valor. El miedo es que quien mide a los hombres no sea el de la obra.

Origen y contexto de la leyenda de la rodilla del diablo

Celaya se reconstruye una y otra vez: guerras, incendio, el Bajío que pide peones. Una piedra de medida en la calle es oficio de obra antes de ser reliquia. Abigail Carreño de Maldonado, la misma cronista que documentó los títeres del Capi Oviedo, dejó esta en Imagen de Celaya. La compilación de Anton Ruiz y Enfoque Bajío la repiten, con el cambio de nombres de la calle —Refugio, Tepetate, Aztecas— y con la imagen del Sagrado Corazón. Un comentario de 2019 en el blog discute el sitio exacto: no la esquina de Obregón, sino el medio de la calle, a sesenta centímetros. Eso no tumba la piedra; la baja de mito de esquina a laja que alguien todavía recuerda haber tocado en 1944.

Hoy entra al mural de personajes y al evento Celaya de Leyenda. De la calle se fue el empedrado; la laja no. Quedan el nombre de la rodilla, el Sagrado Corazón en Aztecas y la piedra que todavía se puede ver.

Interpretaciones y explicaciones

a) Explicaciones racionales

  • Una laja con un hueco de desgaste o de cantera sirve de medida de peones; el diablo se le pega después, cuando hay que explicar una paliza.
  • El capataz borracho y el «capitán» son el mismo hombre visto dos veces: la ira desfigura, el escapulario asusta, la huida es la de un golpeador.
  • Quitar la piedra en 1960, al lotificar, es urbanismo; el Sagrado Corazón es la respuesta parroquial a un vacío que ya no se puede tocar.

Limitaciones. Eso cubre la cantera y el alcohol. No le quita a quien hincó la rodilla de niño el hueco que cabía, ni a Carreño el detalle del capataz dormido aparte del que corrió. Quien hereda el relato no debate si era una plantilla de obra: debate la capa y la espuma.

b) Interpretaciones culturales

  • Medir el cuerpo para el trabajo es poder de capataz; que el diablo dé la medida dice que ese poder no es solo humano.
  • El escapulario —objeto de peón, no de fraile en el púlpito— es lo que echa al otro: la fe de cuadrilla, no el concilio.
  • Los niños que hincan la rodilla heredan la prueba: valor, no contrato. Cuando quitan la piedra, el rito se queda sin soporte y se vuelve calle prohibida.
Piedra laja con el hueco de una rodilla, calle de Celaya

Analogías

En Devon, en 1855, se contaron huellas de pezuña en la nieve: el diablo había caminado el condado. El parentesco es la marca en el suelo que se puede señalar. La diferencia de fondo es que aquí no hay rastro de una noche de nieve: hay una piedra de contratar peones y una rodilla que cabe.

En México se cuentan piedras del diablo y capataces de hacienda que no son del todo hombres. Dentro de este archivo, la endemoniada es otra carne de Celaya, de 1978, en el Carmen. Los nombres del diablo son el acusador de Job, no el capataz de Aztecas.

Testimonios y registros

Se transmite de oídas, en la crónica de Abigail Carreño, en el blog de Anton Ruiz y en la prensa del Bajío. Los patrones que se repiten, cuando el cuento todavía es de la obra y no de un diablo suelto, son estos:

  • Hay una piedra con hueco de rodilla y dos hoyos de dedos; sirve para contratar peones.
  • Un capitán de capa negra aconseja al capataz, y el capataz bebe.
  • Un muchacho da la talla, no rinde y recibe la paliza; un escapulario echa a correr al de la espuma.
  • El capataz de carne aparece dormido. De la calle se va la laja hacia 1960; la piedra todavía existe y el Sagrado Corazón ocupa el tramo.

Conclusión CDM

  • Qué se sabe: en Aztecas, antes Refugio, Celaya tuvo una laja con forma de rodilla usada para medir peones. Carreño de Maldonado recogió que el diablo, en capa dragona, se metió en el capataz y dejó la marca. De la calle se quitó hacia 1960; la piedra todavía existe.
  • Qué no puede comprobarse: que un demonio hincara la rodilla; que el capataz y el capitán fueran dos cuerpos; que el Sagrado Corazón baste para que no vuelva.

Lo que queda es la piedra y una calle que cambió de nombre. Quien pasa por Aztecas tropieza con el Sagrado Corazón. La rodilla, si se busca, todavía está.

Registro adicional

L100926-2 · Celaya · Calle Aztecas · Calle del Refugio · Abigail Carreño de Maldonado · La endemoniada de Celaya · La mujer emparedada de la Casa del Diezmo · La mujer cabeza de caballo · Títeres del Capi Oviedo

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