La Leyenda del Cadejo | l27-04-26 | L070426
En un camino de Guatemala, un cadejo negro bloqueó el paso y un blanco esperó más lejos para decidir si el borracho llegaba a casa.
Desde los nahuales de México hasta el Wendigo de Canadá, pasando por El Silbón de Venezuela y la Patasola de Colombia. El patrimonio de terror de un continente diverso y misterioso.

En un camino de Guatemala, un cadejo negro bloqueó el paso y un blanco esperó más lejos para decidir si el borracho llegaba a casa.
De noche junto al río, oyó el llanto de La Llorona antes de ver el vestido. No se acercó. Quedaron huellas húmedas.
En Ocoyoacac, un fraile cruzó el puente contra el sentido; al pasar, el asiento trasero quedó mojado como de río.
Un hombre rentó la 903 de Francisco Juárez, en Celaya. De noche una niña se le aparecía, le azotaba las puertas y le gritaba que se fuera de su casa.
En la México-Toluca, el GPS reinició y una niña de blanco caminó en el arcén a la velocidad del auto.
Al borde del cenote, copal y trueno abrieron la lluvia sobre el milpero: Chac respondió cuando el pozo pidió respeto. En las Siete Luminarias se cuenta todavía.
Algo se desprendió del acantilado y cayó sobre la traza. No era piedra: un cuerpo pequeño, pelo negro, antebrazos largos. Lo sujetaron. Le pusieron Jacko.
En el muelle de Córdoba, la mulata acusada se alejó en barca sin remos mientras el mar se calmaba de forma imposible.
Tras la función, en el teatro del Capi Oviedo, los títeres giraron la cabeza al unísono sin piolero en la sombra.
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