La llorona del acueducto: una leyenda de Querétaro | 091026
Pidió caminar los arcos antes de que la mataran. La cantera estaba alta, Querétaro abajo, y Doña Beatriz recorrió la hilera llorando. El acueducto, de esa boca, no la volvió a bajar.
Pidió caminar los arcos antes de que la mataran. La cantera estaba alta, Querétaro abajo, y Doña Beatriz recorrió la hilera llorando. El acueducto, de esa boca, no la volvió a bajar.
Cuajinicuilapa de noche, antes del bautizo: sacan al recién nacido a la encrucijada, lo acuestan en la ceniza y esperan entre los arbustos. Pasan las bestias. Una lo lame. Lo devuelven a la casa ya siendo otro.
Madrugada con neblina en la carretera Pachuca–Real del Monte: Don Refugio Fragoso, chofer de alquiler, levanta a una mujer de negro junto al monumento a Clifford. Le pide el panteón inglés, atraviesa la reja y se pierde entre las tumbas.
Noche en el oriente de Guadalajara: se entra por detrás de la exhacienda de Oblatos hacia la barranca. Don Sebastián Hernández dijo que cabían cuatro de a caballo. Al otro lado no hay sala: hay el filo del cañón.
Amecameca de noche, el Popocatépetl echando vaho: una figura va hacia la falda, la niebla la come y lo que queda es animal o es nada. Chimalpahin, el cronista nahua del XVII, dijo que los de aquí se escondían en la nube.
Janitzio, Noche de Ánimas: las campanas llaman y las canoas salen al lago de Pátzcuaro con vela. En la isla, mujeres y niños suben al panteón. Abajo, el agua gime. Mintzita e Itzihuapa toman la cuesta.
El pueblo ya quedó abajo. El sendero se pone de piedra y de viento, el templo mira al poniente, y en la cima se cuenta al señor que se quedó: tambor, rodilla en la roca, una figura sin prisa de bajar.
Se puso el ajuar y se fue a El Borrego. El muelle de San Blas olía a mangle, Manuel no desembarcó, y Rebeca se quedó en la orilla con el velo que el puerto no le iba a quitar.
A las tres salió del cuarto de láminas y el campo de tierra estaba iluminado. Un guajolote gris sin cabeza, en una sola pata, venía saltando. Se metió bajo la cama con el perro mientras aquello golpeaba el techo.
Medianoche de invierno en Durango: Arturo Lugo, el director de orquesta, cruza la ciudad o un puente hasta la calle del Caserón. Adentro hay baile y una comadre que ya había muerto. En la puerta, el anfitrión tiene pata de caballo y pata de cerdo.
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