La rodilla del diablo: una leyenda de Celaya | L100926-2
El muchacho hincó la rodilla en la piedra de la calle del Refugio. Cuando le aventaron el escapulario, el de la capa dragona echó a correr al norte.
Manifestaciones que desafían la física: apariciones, poltergeist, posesiones y eventos inexplicables documentados con rigor esceptico.

El muchacho hincó la rodilla en la piedra de la calle del Refugio. Cuando le aventaron el escapulario, el de la capa dragona echó a correr al norte.
En la bola del agua el cochero recibe una mano enguantada de encaje negro. La dama golpea las puertas de San Francisco y se pierde por la calle del Molino.
En Guatire, una noche, una señora olvidó la vela que debía a las ánimas. Tocaron. Parecía una amiga. Adentro ya no era. El pueblo no dijo susto: dijo ánima sola, la que cobra la luz. No es la mujer encadenada del Calvario.
A Sonia Burciaga le tocó cambiar el vestido de La Pascualita, dos veces por semana, con la cortina corrida. Las manos se le sudaron; vio várices. Salió convencida de que era una persona.
Cuando las de turno se sientan a cenar y vuelven, los medicamentos ya están dados. El de la cama habla de una señorita bien arregladita. Nadie del personal lo hizo.
Claudia Carrillo sacó la moto cerca de medianoche en Nueva Concepción. Iba más tarde de lo normal. Vio una silueta con tacones, no supo si era hombre o mujer, y el cuerpo se le puso raro. Al día siguiente el pueblo ya tenía el nombre: La Taconuda.
En un atajo del norte de Inglaterra un perro negro cambió de forma en el camino. La mujer no corrió hasta ver luz en una ventana.
En un camino de Yorkshire un perro negro de ojos encendidos cruzó el sendero y se perdió en el páramo. En la tradición, eso anunciaba muerte.
Tres amigos grabaron un hospital abandonado de madrugada; en el monitor, una sombra cruzó el pasillo antes de que pudieran reaccionar.
© 2026 La Calle del Miedo — Todos los derechos reservados